Emburciadas

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martes, 7 de julio de 2015

DÍAS DE LAS BANDERITAS


Mira que nos gustan en este país las banderas, oye. Menos la nuestra, que parece ser que es la que da más como cosilla exhibir. Lo del “Día de la banderita” que instauró la Cruz Roja se está quedando atrás. Ahora tenemos casi un Día de la banderita diario.

Lo mismo el Ayuntamiento de Zaragoza iza la bandera saharaui como muestra de solidaridad que el de Pamplona cuelga la Ikurriña como muestra de provocación o Pedro Sánchez pone la española de fondo de escenario en un mitin como muestra de… de…, bueno, de lo que sea.

Y, en general, un día nos colocamos la multicolor del orgullo gay y casi al día siguiente ya tuvimos que apartar un poco la arcoíris para hacerle sitio a la de Grecia, ¡hala! ¡España es un gran mástil!

Que yo no lo critico ¿eh? Que a mí me parece estupendo que nos envolvamos en símbolos; que no nos da de comer pero queda guay. Ya me gustaría a mí ser una mujer de bandera, pero por más que busco no me encuentro yo tela para armarla.

Lo que sí es verdad es que yo soy poco de símbolos, ya ves. Siempre me da un poco de miedo que la cosa –la que sea- se quede en eso, manías de una. Porque colgar o enseñar una bandera es facilísimo; pero profundizar en lo que hay detrás –o debajo o encima- pues ya es otra cosa.

Lo de Grecia, por ejemplo. Por supuesto que, como la mayoría, deseo que ese fantástico país salga del atolladero. Y espero que, por detrás –o por debajo o por encima- de los símbolos y las algarabías, se encuentre una solución para que los griegos superen el bache. Porque, como de costumbre, son los ciudadanos los que sufren los errores de sus dirigentes. Solución que, supongo, pasa porque Europa ofrezca una nueva oportunidad pero, sobre todo, porque el Gobierno heleno cumpla con sus compromisos y responsabilidades. Ahora, lo de que los españoles celebremos que en Grecia triunfara el no a que, entre otras cosas, nos vayan devolviendo los 26.000 millones de euros que les prestamos nosotros, que llevamos años apretándonos el cinturón y sudando tinta china para no llegar al punto en que están ellos, pues no lo veo, qué quieres. Que estamos nosotros como para financiar los simpas de otros, vaya. Así que, banderas aparte, no entiendo el orgasmo de emoción que mucha gente ha demostrado con lo del referéndum griego. Yo hace tiempo que creo que en nuestro país, desde que se lleva mucho más ser progre que progresista, pensamos poco.

Y tampoco soy de exhibicionismos. Así que me parece preciosa la bandera de colores, pero no comparto la filosofía de las fiestas del orgullo gay. No acabo de entender que pasar de ser perseguidos y tener que esconderse a exhibirse vestidos grotescamente -o desnudos grotescamente- y haciendo gestos y representaciones obscenas y muchas veces ridículas sea un avance. O sea, que yo lo veo como que hemos pasado de ocultar a los homosexuales como si fueran bichos raros a pasearlos en las ferias como si fueran bichos raros.

Para mí que hay un error de concepto. No creo que ser homosexual sea algo de lo que estar orgulloso, sino algo que hay que respetar al mismo nivel que se respeta que uno sea heterosexual. A lo mejor es porque a mí me lo enseñaron así desde pequeñita y por eso siempre he visto la homosexualidad con toda naturalidad. Y en esa visión se ha avanzado mucho a nivel legal y bastante a nivel social. Y, la verdad, quienes no respetan a los gais o a las lesbianas dudo mucho que lleguen a hacerlo a base de verlos pasearse medio en cueros y haciendo cosas raras por la Gran Vía de Madrid, pongo por caso. De la misma forma que a mí me dan cierto repelús los tíos, por muy machos que sean, que le piden a su novia en matrimonio en un programa de televisión para que lo vea todo el mundo, qué bochorno.

En fin, que no sé; que igual estamos abusando mucho de las banderas para tapar ciertos agujeros.

lunes, 22 de junio de 2015

REGALOS Y ROMANTICISMO


En estos días atrás, entre elecciones y formaciones de gobiernos, fue mi cumpleaños. Bueno, no pasa nada ¿eh? Son cosas de la vida, tampoco hay que dramatizar. Al fin y al cabo solo cumplí uno más que el año pasado, que una no es de excesos.

El caso es que, con tal motivo, me vinieron a la cabeza esas típicas conversaciones de grupo de amigas, cañita mediante, en las que sale a relucir un tema clásico donde los haya: los regalos de los maridos o asimilados. Con el romanticismo hemos topado. O, mejor dicho, con la falta de romanticismo. Que sí, que ya lo sé, que los hay que no pierden la chispa ni llegadas las bodas de oro. Siempre hay alguna que estira el cuello y te  suelta lo de “pues el mío es súper detallista, hija, nunca se olvida y siempre me sorprende con un regalazo”. Y remarca lo de regalazo, la tía. Y siempre hay, también, otra que, por lo bajini, susurra un “algo habrá hecho” como quien no quiere la cosa. Que ya se sabe que las amigas pueden ser como hermanas, pero de primas tienen poco.

Sin embargo, seamos sinceras, lo normal es que, pasada la pasión (y no estoy hablando de la Semana Santa), los propios se vayan como dejando, despistando, acomodando… y olvidando sus verdaderas obligaciones. Vamos, que empiezas a verlos más bien como impropios.

Percibes que ha empezado esa fase el día señalado en que tú le tienes que soltar una indirecta –lo cual ya es una señal- y él pone una cara de… ¿cómo lo diría?... una cara como… como si acabara de escuchar a Errejón diciendo lo de "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”. Pues eso. Que dan ganas de decir “¡la gallina!”. A la adivinanza de Errejón, me refiero. Y cuando por fin lo entiende –lo de la indirecta, quiero decir, que lo de Errejón requiere un máster-, te pone cara de puerro y te contesta “ah, que era hoy”. Mal vamos. Eso sí, él, antes muerto que pillado, recompone el gesto rápidamente y te sonríe con un “que sí, mujer, ¿cómo me iba a olvidar? Verás la sorpresa que te traigo esta noche”. Vamos peor.

Esos cumpleaños suelen acabar con un ramito de flores tipo bonsái –por el tamaño, digo, no por el precio- sin lazos ni adornos. Sin ni siquiera un triste papel de celofán del Alcampo. Que tú, digna hasta en las peores situaciones, se lo agradeces con un beso y una sonrisa mientras piensas muy para tus adentros de-dónde-lo-habrá-robado-el-tío.

A partir de ahí ya lo de que se olvide de los días especiales pasa a ser una rutina. Se olvidan de tu cumpleaños o de vuestro aniversario como se olvidan de bajar la tapa del wáter, qué quieres, los hacen así. Y a eso añádele el aumento de responsabilidades y de preocupaciones, el crecimiento de los gastos y su implícita obsesión por el ahorro y por la vertiente práctica de la vida. Ah, y la falta de tiempo, tan socorrida. “Es que no sabes lo liado que he estado estos días; no he tenido tiempo”. ¡Un año! ¡¿Hay un año entero entre una fecha señalada y la siguiente y ellos no tienen tiempo?!

Y luego está cuando se acuerdan –o haces que se acuerden- pero no tienen la neurona programada para eso de la originalidad (¿lo cualo?). Y entonces tiran de los clásicos: la botella de colonia (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de qué perfume uso), la bisutería (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de que todo lo que no sea oro me da alergia) o, peor, la prendita de ropa (veinte años conmigo y aún no… pero ¡¿de qué rayos de bazar chino ha salido este saldo?!). Y, en los casos más graves, te regalan una licuadora (para que le prepares buenos zumos por la mañana), una batidora (para que le hagas gazpacho) o una aspiradora (para que le quites el polvo). ¡Una aspiradora, por dios santo! (mira, nene, el polvo lo acabas de suprimir tú mismo).

En cualquier caso, yo debo decir que no tengo queja. El mío será lo que sea pero nunca deja de sorprenderme. Bueno, alguna vez ha estado bajo de forma y no ha pasado de la colonia o incluso de alguna joyita. Pero en general es un crack. Nunca olvidaré aquel día de Reyes en que me dejó ojoplática con su regalo. Un felpudo. Sí, lo que habéis leído, me regaló un felpudo. Lo peor fue que me tuvo toda la semana antes machacándome con que ese año iba a flipar y que nunca me esperaría un regalo así. Siete días de intriga y de ilusión. Y flipé, ya lo creo. Y, por supuesto, nunca me lo hubiera esperado. Ni siquiera de él. Que sí, que el felpudo era artesano y muy original. Y nos hacía falta. Pero ¡coño, que era un felpudo! Y encima, como era Reyes y mis hijas aún no sabían que habían abdicado en los padres, pues tuve que disimular. Mira, mis aspavientos y saltos de alegría fingiendo que estaba poseída por la emoción eran para grabarlos en video. Eso sí, las niñas se quedaron convencidas de que el sueño de mi vida era tener un felpudo como aquel.

Y yo que creí que lo de la olla a presión era insuperable. Sí, en una ocasión anterior me había regalado una olla a presión. Para ganar tiempo en la cocina, me dijo, con una sonrisa en plan “¡lo he clavado! ¡Esta vez lo he clavado!”. Que yo vi aquello y me dieron ganas de decirle “anda, tú vete metiéndote dentro de la pota esta, que ya le doy yo a la válvula”. Es que… es que.

Pero, mira, como lo importante no es lo material, sino el amor y el cariño, yo no me hago mala sangre. Y, además, he encontrado una forma fantástica de acabar con las frustraciones. Hace ya tiempo que espero siempre con ansia que llegue su cumpleaños. Unos cuantos días antes ya lo voy intrigando: “no te imaginas lo que te voy a regalarme este año”. Y, así, cae un fin de semana en un hotel de lujo, el cuadro que me encantaba para el salón o esa pulsera de oro que, colgada de mi muñeca, representa lo mucho que le quiero. No creo que pudiera recibir mejor obsequio ¿no?

domingo, 14 de junio de 2015

EL CAMBIO


Bueno, bueno, bueno. Ya está. Esto va a ser holivud a partir de ahora. Se han constituido los nuevos ayuntamientos y esto es un fiestorro, oye; se acabaron los problemas. Un fiestorro a lo grande ¿eh? con sus pantallas gigantes, sus fiestas en la calle… ¡qué viva la nueva austeridad!

Ha llegado el cambio. España ha votado cambio, no paro de oírlo. Que, en realidad, lo que ha votado España es mayormente al PP, pero como estos de Podemos y sus marcas blancas y demás parientes se han empeñado en que lo que hemos votado es cambio, pues ya se las han arreglado ellos para cambiarlo todo, o casi. Que da igual que en muchos municipios la mayoría de sus ciudadanos eligieran a un partido para que les gobierne. Qué sabrán ellos, infelices. Menos mal que ahí están los Podemos y variantes para sacarlos de su error y colocar en esos gobiernos a los que han perdido después de no pocos tiras y aflojas.

Qué trajín de pactos, oye. Yo ya me perdí hace días. Hace lo menos una semana que me dije, mira, que paso, tú. Que gobierne quien sea, pero yo las negociaciones esas de mercadillo ya no las sigo. Que si yo te apoyo si gobierna este, que si yo te apoyo si se va el otro, que aquí te voto si echas a tus corruptos, que allí te respaldo aunque la sombra de la corrupción sea alargada, que tú puedes contar conmigo aquí si yo cuento contigo allá… ¡Vamos, vamos, que me los quitan de las manos! ¡A un leuro, todo a un leuro! ¡Las robamos por la noche, las vendemos por el día, más barato que en la mercería! La repanocha. Y lo de ver al PSOE tan encantado de haberse conocido por recuperar poder habiendo perdido la leche de votos sin ser consciente de la tumba que se está cavando, eso no tiene precio.   

El caso es que esto es la madre de todos los cambios y ahora vamos a nadar en la ambulancia, que decía el otro. Mira, se van a acabar los desahucios, va a haber trabajo para todo el mundo, comida para todos los niños, dinero para que todos paguemos los gastos básicos, solo habrá empresas solidarias y socialmente correctas, podremos hablar con nuestros alcaldes en cualquier momento, los podremos ver en el autobús y en el metro… ¡Vente pa España, Pepe! Que igual no tienen los alcaldes competencias para algunas de esas cosas, pero ¿y qué más da, si esto es la revolución? ¡Al carajo las leyes!

Y lo mejor: se acabaron las corbatas, los honores y la presencia de gobernantes en cualquier tradición que huela a Iglesia, por mucho que cuente con el fervor mayoritario del pueblo que sea, que aquí vamos a gobernar para todos pero para unos más que para otros; que eso de las ofrendas y de sacar a pasear los santos ni es cultura ni es nada. Que no me extraña que se les haya aplaudido tanto ese gesto porque, lo que es yo, no veía el momento de que los alcaldes dejaran de ir detrás de San Pedro, San Pancracio o la Santísima Trinidad. Ahora duermo mucho más tranquila y más libre, te lo juro. Que ya era hora de que alguien solucionara ese problemón y acabara con esa lacra,  esa opresión y ese ataque a los derechos y libertades de los ciudadanos que suponía ver a mandatarios locales paseando con la Virgen o asistiendo a actos litúrgicos. ¡Cómo nos va a cambiar la vida!

Y es que, claro, hemos entrado en la era de los partidos “no tradicionales”, qué risa. De momento, en Madrid, la Carmena ha entrado rompedora y ha dicho que de seis concejales de Gobierno nada, que ella nueve; y tres tenientes de alcalde. O sea, se bajan los sueldos pero entran más a repartir. Y a mí que esta política no tradicional me empieza a sonar a… lo de siempre. Como lo de que, nada más llegar, ya le pidan abrumadoramente la dimisión de uno de sus concejales, como si fueran un partido tradicional de esos, oye.

Sí, porque, como ahora lo que se va a llevar es el colorido y la alegría, la nueva alcaldesa de la Villa y Corte cuenta con un concejal que es la monda. Que cuelga en twitter chistes riéndose de Ios judíos, del Holocausto, de Irene Villa y de Marta del Castillo con una finura, una gracia y un buen gusto que él se parte el pecho mientras a ti te dan ganas de partirle la cara. Pero él dice que no dimite, otra cosa novedosa, lo que yo te diga, que estos innovadores empiezan a oler a viejo. Que él no es antisemita ni proetarra, dice. No, hijo, no, tú lo que eres es tonto del culo, dicho esto con todo el humor, como a ti te gusta. Que si no eres capaz de ver que esos chistecillos pueden ofender a mucha gente no quiero ni pensar en los pisotones que vas a dar en tu gestión.

Que conste que yo les doy a todos estos “nuevos” un voto de confianza. Por la cuenta que nos trae, más que nada. Y porque, cuando pasen a ser “viejos”, que no creo yo que la cosa dé para mucho experimento, pues ya sacaremos otro invento. Otro cambio, vaya.

martes, 26 de mayo de 2015

JORNADA DE REFLEXIÓN


Pues, mira, ya ha pasado la jornada de reflexión. Sí, porque de todos es sabido que la jornada de reflexión es la que va después de las elecciones. La víspera del día de los comicios se llama así pero es porque… bueno, no sé por qué es. Porque en realidad, el día antes de votar es una jornada de todo menos de reflexión. Es una fecha multidisciplinar: es el día del padre y de la madre, con los candidatos paseando con sus hijos; el día del deporte, con los candidatos corriendo en chándal; el día de los animales, con los candidatos jugando con sus perros; el día del libro, con los candidatos leyendo… Un día completo, vaya.

Pero la verdadera jornada de reflexión fue ayer. Viene siendo como el Día de la Salud que sigue al de la lotería de Navidad, pero con menos pedreas. Ayer todos los líderes de los (ya menos) grandes partidos políticos en España, en las comunidades autónomas y en los municipios salieron diciendo que tenían que reflexionar. Pues va a ser que sí. Ahora que, visto lo visto, ya te digo yo que esa jornada de reflexión va a durar muchos días.

Fue un día en el que, una vez dicho lo de la reflexión, los líderes se pusieron en plan Fernando Alonso: la culpa ha sido del coche. Qué máquinas. Que ellos han hecho un gran trabajo, dicen, pero que no han llegado a la meta. Ya. A otros por menos los largan, mira a Ancelotti si no.

Y luego están los que, dicho lo de la reflexión y lo del coche, sacan pecho y dicen que, aún así, ellos han ganado. Pues sí. Pero, vaya, como dijo Pirro, otra victoria como esta y acaban vencidos del todo.

Y los que dicen que peor les ha ido a otros, el que no se consuela es porque no quiere, antes muerto que humilde.

Y fue, también, día de reflexión para las empresas de la demoscopia. Para repasar las encuestas, vaya. Que tú ves alguna y parece que la haya hecho un adivino de esos que te echa las cartas de madrugada en la tele. Como en plan me sale aquí el arcano del Mundo vuelto del revés, que viene significando que hay obstáculos, que hay alguien por medio que está bloqueando que esto avance como tendría que avanzar, pero sin sacar el arcano de la fuerza para adivinar el poderío de ese alguien. Vamos, que se quedaron en un te veo mal, Mariano, en un cuidado con el lobo, Pedrito, pero sin acertar a medir la subida de la marea.

Una de dos, o los españoles mentimos más en las encuestas que cuando hablamos de sexo, o los demoscópicos no supieron interpretar las respuestas de los sondeos y vislumbrar la fuerza de los “nuevos”. Que es que algunas les otorgaban un papel secundario en sitios en los que van a acabar gobernando. O ni siquiera los mencionaban en otros donde se han colocado como tercera fuerza. Y, en general, hay diferencias de hasta tres y cuatro escaños ne pueblos en los que se jugaban poco más de veinte. Vamos que clavar, lo que se dice clavar los resultados, pues más bien no.

Bueno, pues nada, ahora solo nos queda esperar a ver qué hacen esas mareas y tal allí donde tengan responsabilidades de gobierno. Igual esos partidos nuevos se vuelven tradicionales, es lo que tiene gobernar, que casi todo está inventado. Y lo mismo los tradicionales se renuevan. Y a lo mejor hasta las encuestas acaban acertando.  Quién sabe.

viernes, 22 de mayo de 2015

POR FIN SE ACABA ESTO


Por fin se acaba esto, bendita sea la jornada de reflexión. Que yo el domingo voto, lo juro por el paisano de los caballitos, palabrita del niño Jesús. Pero que me dejen ya en paz. A mí ya no me queda más vergüenza ajena y lo de a ver quién la dice más gorda hace tiempo que dejó de hacerme gracia.

Que yo reconozco que a mí las campañas y las elecciones siempre me gustaron, más que nada por deformación profesional. Pero es que después de esta, que la he seguido desde fuera, he llegado a la conclusión de que si es cierto eso de que lo que no te mata te hace más fuerte, o nos hemos muerto y con tanta tontería no nos hemos enterado o somos unos sansones de la conciencia cívica esa. Por Dios bendito, quince días y ni un minuto más. Que la democracia se apiade de nosotros si este es el nivel que nos espera.

Estoy deseando que llegue el lunes y cada mochuelo a su olivo. Nosotros seguiremos siendo los mismos currantes mal pagados, los mismos parados, los mismos sangrados por los impuestos, los mismos números en las listas de espera sanitarias… Pero, al menos, los políticos volverán a meterse en sus despachos, a sentarse en sus poltronas y dejarán de hacer el payaso. Es que, en serio, a esta gente le das un escenario, un atril y unos cuantos votos potenciales y son como el club de la comedia pero en cutre.

Que tenemos que votarles después de oír cómo se llaman unos a otros corruptos, ladrones, prostitutas, gentuza, casta, pijos, zombis, rameras... Escuchar que cobrar el paro es tener una beca para poder hacer cursos en el extranjero o que gracias a Barcelona Catalunya no es Galicia, qué buen rollito.

Votarles después de ver a políticos montando en bici con traje y corbata, jugando al baloncesto, acercándose a los niños –qué culpa tendrán los niños- visitando a ancianos, colegueando con los pobres, paseando al perro, organizando citas exprés, repartiendo condones. Ver a candidatos cantando rap, a candidatos cantando reggae, a candidatos cantando no se sabe qué, a candidatos cantando. A candidatos que no se saben su programa, a candidatos que abandonan porque les da por leer su programa y no les gusta, a candidatos que no sabían que eran candidatos. A candidatos que no pueden votarse a sí mismos porque viven e incluso trabajan -como alcaldes- en otro ayuntamiento. A candidatos que repiten las mismas promesas que hicieron hace cuatro años y no cumplieron. A candidatos cuyo objetivo, en general y fundamentalmente, no es ganar nuestra confianza, sino evitar que ganen otros.

Encontrártelos en los mercados, en los parques, en el súper, en las plazas, en los barrios y parroquias que después (y antes) olvidan. Ttomando cañas, tomando horchata, tomándonos por tontos de baba. Encontrártelos hasta en la tostada del desayuno.

Y lo que es peor: que yo no sé qué rayos voy a hacer con tanto parque, tanta acera, tanta farola, tanta pista, tanta carretera, tanta guardería, tanto centro de salud, tanto polideportivo, tanta red wi-fi, tanta ayuda y tanto puesto de trabajo como me van a conseguir.

Un monumento debieran hacernos, por ir a votar después de este circo. Menos mal que por fin se acaba esto.

sábado, 16 de mayo de 2015

15 RAZONES POR LAS QUE PODEMOS PUEDE APROPIARSE DEL 15M


El 15M ha cumplido cuatro años.  Y Pablo Iglesias  reivindica que Podemos es el heredero y la mejor expresión de aquel movimiento que gritó contra el sistema establecido, contra los partidos existentes, contra la corrupción, contra los privilegios de los políticos, contra la prepotencia de los políticos, contra la superpotencia de los medios de comunicación, contra la incoherencia, contra la acumulación de riqueza por unos pocos, contra el desempleo y el empleo precario, contra el maltrato a la clase obrera, contra la falsa democracia… ¡Contra!, que gritó contra casi todo lo que había, vaya. Cientos de miles de personas clamaron para que todo cambiara.

Pues sí. Hace bien Pablo Iglesias en apropiarse de la revolución que supuso el 15M ahora que estamos de aniversario. Bueno, y de campaña, es verdad. Pero sí, hace bien. Podemos supone, efectivamente, el triunfo de aquel grito y de aquellas aspiraciones. Supone el cambio real que se pedía. Pablo Iglesias le ha dado la vuelta a todo.

Yo veo, al menos, 15 razones por las que Podemos puede apropiarse del 15M:

-       Es un partido político, con las estructuras de un partido político, con todo el aspecto formal de un partido político… O sea, como un PSOE o un PP cualquiera, pero nuevo y rompedor.

-       Cuyos miembros ya han conseguido cobrar buenos sueldos y disfrutar de privilegios del sistema como eurodiputados y diputados en el Parlamento andaluz.

-       Con un líder que presume de que su ego “está volando a la altura de Carrero Blanco”.

-       Un líder orgulloso de sus actos, como el de dar un puñetazo a “gentuza de clase mucho más baja que la nuestra”.

-       Un líder que critica la existencia de medios privados, produce programas para medios privados y está todo el día en la tele y en la nómina de varias cadenas privadas.

-       Con dirigentes que no habían cumplido con Hacienda.

-       Con investigaciones sobre financiaciones de origen dudoso.

-       Que defiende a gobiernos totalitarios.

-       Que se muestra comprensivo con el terrorismo y la violencia.

-       Con cabecillas expedientados por cobrar un buen sueldo y no ir a trabajar.

-       Con miembros cuyas cuentas corrientes se acercan al millón de euros y son propietarios de varios bienes inmuebles.

-       Con un líder que antes se compraba la ropa en Alcampo, pero ahora, para amoldar su imagen a su nuevo status de revolucionario famoso, compra en sitios más caros para mejorar su estética. Entre otros, en una nueva firma que, surgida al calor de aquella marea de indignación progresista, vende ropa reivindicativa a 40 euracos el polo, por ejemplo.

-       Con empresas que obtenían grandes beneficios camufladas como organizaciones sin ánimo de lucro para no pagar apenas impuestos.

-       Empresas acusadas de pagar mal y en negro a sus trabajadores, todos ellos eventuales.

-       Con sus guerras internas, sus acusaciones de pucherazo en la elección de órganos, sus críticas a la dirección, sus disidentes, sus impugnaciones y anulaciones en primarias y sus conflictos con dimisiones sonadas.

O sea, una auténtica revolución, sí señor. Sin Podemos, el 15M no sería más que una fecha en el calendario. Pero ese partido ha logrado que todo sea diferente dándole forma a aquel histórico movimiento.

Y decía el del chiste aquel de Eugenio “gracias, pero ¿que hay alguien más?”

martes, 12 de mayo de 2015

LECCIONES EN ELECCIONES


Me encanta el anuncio ese de no sé qué salchichas en el que una mujer repasa todo lo que le enseñó su madre: gramática –“arreando, que es gerundio-“; literatura –“tienes más cuento que calleja”-; o música –“me estás poniendo la cabeza como un bombo”-, entre otras materias. Y es que ¿quién no ha recibido esas o similares enseñanzas de su madre? Bueno, la mía incluso me enseñó magia –“te voy a dar un bofetón que vas a dar palmas con las orejas”, me decía-.

Pero las madres no son las únicas que nos dan sabias lecciones. También los políticos. Sí. Es empezar una campaña electoral y todos ellos se convierten en grandes maestros multidisciplinares. Nos enseñan de todo. ¿Que no? Mira, mira:

-       Sexualidad: “En política hay que perder la virginidad” –Pedro Sánchez-.

Incluso hay quien nos anima a practicar una suerte de destape: “Hay que llevar el amor que suele haber en nuestros hogares a las plazas públicas” –Luís García Montero-. Pues, qué quieres que te diga, Luisito, majo; yo soy de las que piensa que hay cosas que mejor en casa ¿no?
 

-       Geografía: de pronto descubren que sus comunidades tienen pueblos, sus pueblos parroquias y sus ciudades barrios y se hacen fotos en ellos para enseñárnoslos. Qué majos.


-       Fútbol: “Cuando ibas ganando el partido te empatan, te meten un gol o hasta te lo metes en propia puerta” –el ministro Soria-. Pues sí que lo pones bien, hombre. Que esto no es como ser del Betis manquepierda, digo yo.

 
-       Educación: “Corrupta, gentuza, corruptos, ladrones” –Pablo Iglesias a Esperanza Aguirre-. “Machista casposo” –el PP de Madrid a Pablo Iglesias-. Eso sí, educación pública del todo.

 
-       Religión: “No nos pueden seguir gobernando los mismos que nos han traído hasta aquí y que no son capaces de entonar un mea culpa” –Albert Rivera-. Amén.
 

-       Medicina: El candidato a la alcaldía de Valencia por EU, Amadeu Sanchís, promete “introducir el antídoto para que no existan nuevos casos de corrupción”. Joé, así que lo tenías tú ¿eh? Pues ya podías haberlo vendido antes, hombre.

 
-       Escapismo: el alcalde popular de Vélez-Málaga dijo ser una “persona honrada” y pidió a sus vecinos que al votar no tengan en cuenta “ni a Mariano Rajoy ni a Cospedal”. ¡Ay, qué vergüencita!

 
-       Química: “No nos uniremos con el PP”; “no nos uniremos con el PSOE”; “No nos uniremos ni con el PP ni con el PSOE”; “no nos uniremos con la casta”. Di que sí, ni mezclas ni soluciones.


-       Incluso nos dan lecciones de ¡Falerística!: “Siempre presumo de que estoy tres grados por encima de Beckham” (en la Real Orden del Imperio Británico) –Esperanza Aguirre-.

Y luego están las grandes enseñanzas, las de las cosas verdaderamente importantes de la vida:

-       Matemáticas aplicadas (a los impuestos): Unos te dicen que hay que reducir impuestos, otros que hay que crear impuestos nuevos; unos los bajan, otros los suben; para unos es imprescindible reducir el impuesto de sucesiones, para otros es necesario aumentarlo; unos quitan el impuesto de patrimonio, otros lo ponen… Que a mí me parece que esto deben ser matemáticas muy abstractas, porque lo que es yo soy incapaz de resolver la ecuación.

 
-       Matemáticas milagrosas: cheques-bebé, pagas periódicas por cada niño que nazca, guarderías gratis, profesionales para el cuidado de dependientes, baja maternal de cuatro meses cobrando el 100% del salario, viviendas de emergencia social, ayudas para los gastos escolares, aumento de las pensiones, rentas de inserción… Pero ¿dónde rayos tenían escondido todo ese dinero en estos años en los que nos han obligado a apretarnos el cinturón hasta la asfixia? ¿Por qué leches no multiplicaron antes los panes y los peces, hombre?

Y hay también quien enseña matemáticas mágicas. Sí. Sé de uno que convirtió a una potencia negativa en un número dos en lo que se tarda en hacer una lista electoral.

Cuánto aprendemos de los políticos, ya ves. Pero no pienses que esto se acaba el día de las elecciones. No, qué va. Después de la cita con las urnas y el recuento, estos seguirán enseñándonos. Nos enseñarán, básicamente, su verdadera cara. Y es probable que entonces nosotros demos palmas con las orejas. Qué fenómena mi madre.