Emburciadas

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viernes, 27 de noviembre de 2015

SOLSTICIOS Y ESTULTICIAS


 

Bueno, pues mientras apuramos el Black Friday este tendremos que ir pensando en prepararnos para celebrar el solsticio de invierno, como quiere la alcaldesa de Barcelona. ¿Solsticio? Estulticia, diría yo. O sea, necedad.

Mira que son modelnos los de las sucursales podemitas y mareantes, oye. Son lo más. Es que es alucinante la alergia que le tiene esa gente a las tradiciones y a todo lo que huela a religión. Y las tonterías que llegan a hacer para aparentar que son rompedores. Ellos son el cambio y tienen que demostrarlo. Y como lo que tendrían que cambiar de verdad solo son capaces de empeorarlo, pues se dedican a hacer lavados de imagen en “cosillas” que el respetable lleva haciendo, por ejemplo, dos mil años.

Así, la Colau cambia la Navidad por un solsticio y la Carmena por un carnaval o no sé qué leches, con ceremonias del kimono, cine coreano, gastronomía árabe, poesía serbia, castillos inflables y cuentos indios. Todo muy intercultural y multirracial, que es lo que manda la nueva religión de esta gente. Y, sobre todo, muy no-navideño, que ya se sabe que a la progresía cualquier cosa que huela lo más mínimo a incienso le da sarpullido. Aunque sea algo que le guste a la mayoría, que es otra cosa que también les suele dar alergia.

Eso sí, en las celebraciones organizadas por estas lumbreras de la política todo está barnizado con la conveniente pátina del buenismo. Qué gran cosa el buenismo. Consumo sostenible, compras responsables, juguetes no sexistas, pacifismo, igualdad, solidaridad y respeto, sobre todo mucho respeto. Que tiene gracia que aboguen por el respeto la alcaldesa que tiene de jefa de prensa a una tía que presumió de mear en la calle y la que tiene de portavoz a una que asaltó una iglesia.

Mira que yo no soy muy navideña. Que a mí, aunque al final disfruto las Fiestas, así de primeras la Navidad me estresa. Pero, la verdad, viendo todo esto, me está resurgiendo el espíritu navideño de tal manera que si por mí fuera ya habría montado en casa tres belenes y dos abetos con sus bolas y su espumillón. Y llevo varios días sin parar de cantar villancicos, fun, fun, fun. Hasta me están entrando ganas de mandar christmas a todo el mundo, no te digo más.

Es que no puedo con las moderneces, en serio. Como la del alcalde de A Coruña, otro de la misma casta. Que va a instaurar los bautizos civiles. Tío, que si quieres ser laico, no le llames bautizo, hombre. Que el bautismo es el primero de los sacramentos del cristianismo “con el cual se da el ser de gracia y el carácter cristiano”, según la Real Academia. Así que un bautizo no puede ser civil por muy moderno y antirreligioso que tú te empeñes en ser. Estulto, que eres un estulto. Si lo que quieres es montar una fiesta cada vez que alguien inscriba a su niño en el Registro Civil, pues móntala. O celebra un solsticio. O una estulticia, que ya no vendrá de aquí.

martes, 27 de octubre de 2015

A QUIÉN CARAJO LE IMPORTA


Pues nada, pues genial ¿no? Lo de Catalunya, digo. Que los de Junts pel Sí y la CUP han decidido declarar la independencia. Aún no tienen presidente, pero se ponen a hacer una república, mira. A quién carajo le importa quién gobierne aquello, ni cómo, si se puede tener una república. La cosa es separarse de España y luego campi qui pugui. O sea, el caos. Pero a quién carajo le importa el caos si se puede ser independiente.

Bueno, por lo menos se han puesto de acuerdo en algo. Y eso que los de la CUP habían descartado la declaración unilateral de independencia porque el Sí había perdido el “plebiscito” del 27 de septiembre. Que lo dijo Baños ¿eh?, el jefe cupero. Pero ya ves.

Ahora, en lo de formar gobierno no hay manera de que se entiendan las dos fuerzas independientes del independentismo. Para empezar, porque la CUP, a cambio de su apoyo a Junts pel Sí,  exige que Artur Mas no sea el presidente. Y a Arturito le da un jamacuco solo de pensar en soltar la poltrona. Y, para seguir, porque también impone que no se negocie nada nadita con el Estado. Y que se desobedezcan las leyes. Y que Catalunya se salga de la Unión Europea. Y que nada de recortes. ¡Acabar con los recortes Mas, que es Arturo Manostijeras! anda ya.  

Y no sé cuántas otras exigencias. Que yo ya me pierdo, pero creo que las últimas eran que se anexionen a la nueva república Valencia, Baleares, Aragón, Andorra, Lepe y Burguillos del Cerro; que Catalunya participe en el Festival de Eurovisión con el Virolai; que nombren Conseller en Cap al caganer; y que la butifarra sea excluida de la lista de alimentos cancerígenos de la OMS. Y, claro, así no se puede. Porque el Virolai es una composición preciosa, pero para Eurovisión como que no.

De todas formas, lo de la declaración esa se veía venir ¿eh? Pero ¿cómo no van a querer el divorcio si estos de España no hacen más que acosarlos? Que es un sinvivir, oye. Que si la operación contra los Pujol, que si la imputación de Mas, que si lo del tres por ciento, que si la investigación a Convergència, que si la detención de su tesorero… ¡Hombre, ya está bien! Que va a llegar un momento en que no le dejen a uno robar tranquilo. Porque lo de la Gürtel y lo de Bárcenas y tal es aplicar la ley y luchar contra la corrupción. Pero esto otro no. Esto es una cacería, ya lo dijo el propio Arturito. Caza mayor, dijo, porque él es grande. Una buena pieza, vaya.

Así que no me extraña que decidan marcharse. Lo que se dice huir. Hacemos un país nuevo, empezamos de cero, creamos nuestras propias leyes y, hala, todos inocentes. Sobre todo los catalanes. Que la mayoría votó en contra de la independencia. Que más de la mitad quieren seguir siendo españoles.

Pero a quién carajo le importa lo que quieran los catalanes.

sábado, 12 de septiembre de 2015

VÍA LIBRE


Pedazo acto electoral el de ayer en Barcelona, oye. Los separatistas de Junts pel Sí y de la CUP se unieron para su gran apertura de campaña y lo bordaron. Eso es un mitin y lo demás son historias ¿que no? Ya quisieran otros partidos mitinear así.

Claro, que otros partidos no tienen los medios que tuvieron estos, ni serían capaces de apropiarse de la fiesta de su país, de su comunidad o de su pueblo para abrir una campaña electoral. Pero estos sí. Estos hacen lo que les da la gana y no-pasa-nada, como dice un spot de la tele. Vía Libre lo llaman. Y si alguien rechista, ya sabéis, la culpa es nuestra; o sea, de España; o sea, de los otros españoles. Que da igual que hayamos nacido en La Barceloneta o en Murcia; si estamos en contra de la independencia somos españoles y nada más. Así, como si fuera un insulto.

El caso es que, como ellos pueden hacer lo que les dé la gana, pues han dicho la Diada es mía y la calle también y han contado con casi un millón y medio de extras (según la Guàrdia Urbana; dos millones según los organizadores; poco más de medio millón según la Delegación del Gobierno, que se ve que lo de las matemáticas va según el gremio; un mogollón en todo caso) para hacer un mitin gigante. Y precioso, las cosas como son. Qué colorido tenía ayer la Meridiana, con lo triste que es esa calle. Todos con su flechita de cartulina, ahora la subo, ahora la bajo. Que parecían militares norcoreanos en un desfile pero en plan guay. No les quedó tan bonito como los hacen en Corea, es verdad, pero yo creo que eso fue culpa del video que hizo la ANC para enseñarles cómo era la cosa. Para adoctrinar, vamos, que es lo suyo. ¿Lo habéis visto? El video, digo. Pues es para verlo, de verdad. Dos cómicos haciendo mímica como si fuera para idiotas. Como si lo que nos estamos jugando los catalanes fuera una broma, vamos, qué divertido es todo y qué bien nos lo pasamos.

Yo me quedé más tranquila al comprobar que ayer salieron más catalanes en las teles diciendo que estaban en contra de la independencia y lo argumentaban con temores fundados sobre el futuro de su economía o la vida fuera del paraguas de la Unión Europea. No como otros años, que solo aparecían los que estaban a favor de divorciarse de España porque “Catalunya es una región muy bonita” –juro que lo dijo una señora- o porque “ya está bien de que España nos robe” –que lo mismo el que lo dijo votaba a Convergència, qué gracia, bendita ingenuidad-. Sí, me gustó que por fin hablaran algunos representantes de la opinión mayoritaria. Porque no olvidemos que, incluso según el CEO –que viene siendo el CIS de la Generalitat-, la mitad de los catalanes están en contra de la independencia, frente a un 42,9 que están a favor. A algunos de los que hablaron les abucheaban, pero es lo que tiene el sectarismo.

En fin, que yo creo que con lo de ayer, a estos ya no les hace falta más campaña. Total ¿para qué? Si, pase lo que pase en las elecciones, ellos declararán la independencia y lo que les pete. Da lo mismo que se cumplan las premoniciones del CIS, que dice que solo un 44% de los catalanes darán su voto a las fuerzas independentistas. Al fin y al cabo, ya sabemos que a los de Mas eso de afanar porcentajes se les da de cine. Después de tantos años robando –presuntamente- un 3 por ciento, no les va a dar ninguna cosilla apropiarse de, por ejemplo, un 6. ¡Vía libre, hombre!

Además, ¿cómo no van a seguir adelante con lo suyo, sea cuál sea el resultado, después de la amenaza de Lluís Llach de que si no es así se va a Senegal? A mí me encanta Lluís Llach, vaya eso por delante. Su música, quiero decir. Y me encanta también la gente que no tiene más problemas que la identidad del sitio en el que vive. A lo mejor si fuera un parado, un mileurista, un limpiaoficinas por dos duros o, pongo por caso, un senegalés, le cambiaban las prioridades. Pero no es el caso. Así que él, si Catalunya no se hace independiente, se va a Senegal.

Pues muy bien, Lluís. Tú no te preocupes. Después de todo, con esto de la globalización de la que tú y los tuyos os queréis apear para vivir en un islote, tus fans seguirán pirateando tu música en Internet vivas donde vivas. No hay problema. Si te quieres ir… ¡Vía libre!

jueves, 27 de agosto de 2015

HASTA LOS HIGADILLOS


Bueno, pues, finalizadas mis vacaciones,  cerrada convenientemente la puerta de mi casa para que no entren más parientes a llenarla  y repasada la prensa veraniega, me asomo por aquí para decir algo que es que si no lo suelto reviento. Y paso de lo políticamente correcto y de lo que se lleva y de lo que no y de que me acusen de pertenecer a no sé qué caverna y de que me llamen lo que les dé la gana. Que me da igual.

Así que lo digo: estoy hasta los higadillos de los progres de postal, del postureo pijo-seudoizquierdista, de los embaucadores de mercadillo y de los charlatanes de la “nueva” política que en cuanto pisan moqueta se quitan el disfraz de pueblo y sacan al burgués trasnochado que llevan dentro. Qué hartazgo, de verdad.

El nuevo alcalde de Santiago, por ejemplo. Sí, Martiño Noriega, el de Compostela Aberta, sucursal de Podemos. El mismo que mientras era alcalde de un pueblo de al lado por un partido se presentaba a la alcaldía de la capital por otro. Este progre representante del populacho, este héroe del buenismo, este obseso de las políticas sociales les ha retirado las subvenciones del Ayuntamiento a dos asociaciones que se dedican a ayudar a madres con hijos pequeños y a embarazadas que no tienen recursos para comprar lo más básico para sus niños. Y les retira las ayudas “por cuestiones ideológicas”, tócate los pies. Y lo dice así, sin sonrojarse. Pero ¿a qué recuerda eso de castigar a alguien por cuestiones de ideología? ¿Lo de la represión ideológica no había acabado hace cuarenta años? ¿No eran estos los salvadores de la libertad?

Que han traspasado una línea roja que se no se puede cruzar, dice el Gobierno de Noriega como quien dice algo sensato. Y todo porque esas asociaciones apoyan a mujeres que no quieren abortar, qué pecado. Pero, vamos a ver, ¿la cosa no era defender la libertad de decisión de cada mujer? ¿Para eso hemos luchado tanto? ¿Qué pasa? ¿que los que defendemos la libertad para abortar tenemos que perseguir a las que deciden no hacerlo? Pues, al parecer, así lo entiende este progrealcalde, para quien las actividades de estas dos asociaciones “chocan contra nuestras líneas programáticas”. O sea, ayudar a madres o embarazadas víctimas de violencia de género o sin trabajo o sin recursos para atender a sus hijos son actividades que chocan con las líneas programáticas de ese partido apoyado por Podemos. Tomamos nota.

Vamos, que para justificar lo injustificable, el alcalde y sus secuaces han pintado a estas dos asociaciones casi como grupos de delincuentes, cómplices de mujeres que, al tomar la decisión de tener hijos, ejercen una libertad contraria a las buenas costumbres, como dijo Pilar Primo de Rivera, mira tú.  Y las han acusado de ser no sé cuántas cosas estos retrógrados de los huevos. Vaya, que no las han llamado cerdas yo creo que por miedo a que acudan a pedir amparo a la flamante concejalía de Bienestar Animal creada por ellos mismos, que ya se sabe que primero están los gatos que las madres.

Y, claro, después de esto, otras cosas de los nuevos gobernantes pijoprogres ya te parecen chistecillos. Como lo de que la Carmena haya veraneado en una urbanización de lujo y en una casa de a cuatro mil euros la semana. ¿Qué esperabais? ¿Que pasara las vacaciones en una tienda de campaña con el perro y la flauta? O que cogiera el coche oficial a los cuatro días de asegurar que ella iría siempre en metro. ¿Qué esperabais? ¿Que se embutiera todos los días en un vagón aspirando el calor humano de curritos, parados, estudiantes y pobres cantando lo de es muy triste tener de pedir pero es más triste tener de robar? Por Dios santo, en metro. O que la Colau llore de impotencia y rabia porque se ha dado cuenta de que no puede solucionar como alcaldesa todos los problemas que prometió solucionar cuando aspiraba a serlo. ¿Qué esperabas? ¿Que todo iba a ser tan fácil como montar una tienda de campaña con el perro y la flauta? Pobrecita, ella que acusaba a otros de no solucionarlos porque no les daba la gana se ha hecho mayor de golpe.

Hasta los higadillos, en serio.

martes, 7 de julio de 2015

DÍAS DE LAS BANDERITAS


Mira que nos gustan en este país las banderas, oye. Menos la nuestra, que parece ser que es la que da más como cosilla exhibir. Lo del “Día de la banderita” que instauró la Cruz Roja se está quedando atrás. Ahora tenemos casi un Día de la banderita diario.

Lo mismo el Ayuntamiento de Zaragoza iza la bandera saharaui como muestra de solidaridad que el de Pamplona cuelga la Ikurriña como muestra de provocación o Pedro Sánchez pone la española de fondo de escenario en un mitin como muestra de… de…, bueno, de lo que sea.

Y, en general, un día nos colocamos la multicolor del orgullo gay y casi al día siguiente ya tuvimos que apartar un poco la arcoíris para hacerle sitio a la de Grecia, ¡hala! ¡España es un gran mástil!

Que yo no lo critico ¿eh? Que a mí me parece estupendo que nos envolvamos en símbolos; que no nos da de comer pero queda guay. Ya me gustaría a mí ser una mujer de bandera, pero por más que busco no me encuentro yo tela para armarla.

Lo que sí es verdad es que yo soy poco de símbolos, ya ves. Siempre me da un poco de miedo que la cosa –la que sea- se quede en eso, manías de una. Porque colgar o enseñar una bandera es facilísimo; pero profundizar en lo que hay detrás –o debajo o encima- pues ya es otra cosa.

Lo de Grecia, por ejemplo. Por supuesto que, como la mayoría, deseo que ese fantástico país salga del atolladero. Y espero que, por detrás –o por debajo o por encima- de los símbolos y las algarabías, se encuentre una solución para que los griegos superen el bache. Porque, como de costumbre, son los ciudadanos los que sufren los errores de sus dirigentes. Solución que, supongo, pasa porque Europa ofrezca una nueva oportunidad pero, sobre todo, porque el Gobierno heleno cumpla con sus compromisos y responsabilidades. Ahora, lo de que los españoles celebremos que en Grecia triunfara el no a que, entre otras cosas, nos vayan devolviendo los 26.000 millones de euros que les prestamos nosotros, que llevamos años apretándonos el cinturón y sudando tinta china para no llegar al punto en que están ellos, pues no lo veo, qué quieres. Que estamos nosotros como para financiar los simpas de otros, vaya. Así que, banderas aparte, no entiendo el orgasmo de emoción que mucha gente ha demostrado con lo del referéndum griego. Yo hace tiempo que creo que en nuestro país, desde que se lleva mucho más ser progre que progresista, pensamos poco.

Y tampoco soy de exhibicionismos. Así que me parece preciosa la bandera de colores, pero no comparto la filosofía de las fiestas del orgullo gay. No acabo de entender que pasar de ser perseguidos y tener que esconderse a exhibirse vestidos grotescamente -o desnudos grotescamente- y haciendo gestos y representaciones obscenas y muchas veces ridículas sea un avance. O sea, que yo lo veo como que hemos pasado de ocultar a los homosexuales como si fueran bichos raros a pasearlos en las ferias como si fueran bichos raros.

Para mí que hay un error de concepto. No creo que ser homosexual sea algo de lo que estar orgulloso, sino algo que hay que respetar al mismo nivel que se respeta que uno sea heterosexual. A lo mejor es porque a mí me lo enseñaron así desde pequeñita y por eso siempre he visto la homosexualidad con toda naturalidad. Y en esa visión se ha avanzado mucho a nivel legal y bastante a nivel social. Y, la verdad, quienes no respetan a los gais o a las lesbianas dudo mucho que lleguen a hacerlo a base de verlos pasearse medio en cueros y haciendo cosas raras por la Gran Vía de Madrid, pongo por caso. De la misma forma que a mí me dan cierto repelús los tíos, por muy machos que sean, que le piden a su novia en matrimonio en un programa de televisión para que lo vea todo el mundo, qué bochorno.

En fin, que no sé; que igual estamos abusando mucho de las banderas para tapar ciertos agujeros.

lunes, 22 de junio de 2015

REGALOS Y ROMANTICISMO


En estos días atrás, entre elecciones y formaciones de gobiernos, fue mi cumpleaños. Bueno, no pasa nada ¿eh? Son cosas de la vida, tampoco hay que dramatizar. Al fin y al cabo solo cumplí uno más que el año pasado, que una no es de excesos.

El caso es que, con tal motivo, me vinieron a la cabeza esas típicas conversaciones de grupo de amigas, cañita mediante, en las que sale a relucir un tema clásico donde los haya: los regalos de los maridos o asimilados. Con el romanticismo hemos topado. O, mejor dicho, con la falta de romanticismo. Que sí, que ya lo sé, que los hay que no pierden la chispa ni llegadas las bodas de oro. Siempre hay alguna que estira el cuello y te  suelta lo de “pues el mío es súper detallista, hija, nunca se olvida y siempre me sorprende con un regalazo”. Y remarca lo de regalazo, la tía. Y siempre hay, también, otra que, por lo bajini, susurra un “algo habrá hecho” como quien no quiere la cosa. Que ya se sabe que las amigas pueden ser como hermanas, pero de primas tienen poco.

Sin embargo, seamos sinceras, lo normal es que, pasada la pasión (y no estoy hablando de la Semana Santa), los propios se vayan como dejando, despistando, acomodando… y olvidando sus verdaderas obligaciones. Vamos, que empiezas a verlos más bien como impropios.

Percibes que ha empezado esa fase el día señalado en que tú le tienes que soltar una indirecta –lo cual ya es una señal- y él pone una cara de… ¿cómo lo diría?... una cara como… como si acabara de escuchar a Errejón diciendo lo de "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”. Pues eso. Que dan ganas de decir “¡la gallina!”. A la adivinanza de Errejón, me refiero. Y cuando por fin lo entiende –lo de la indirecta, quiero decir, que lo de Errejón requiere un máster-, te pone cara de puerro y te contesta “ah, que era hoy”. Mal vamos. Eso sí, él, antes muerto que pillado, recompone el gesto rápidamente y te sonríe con un “que sí, mujer, ¿cómo me iba a olvidar? Verás la sorpresa que te traigo esta noche”. Vamos peor.

Esos cumpleaños suelen acabar con un ramito de flores tipo bonsái –por el tamaño, digo, no por el precio- sin lazos ni adornos. Sin ni siquiera un triste papel de celofán del Alcampo. Que tú, digna hasta en las peores situaciones, se lo agradeces con un beso y una sonrisa mientras piensas muy para tus adentros de-dónde-lo-habrá-robado-el-tío.

A partir de ahí ya lo de que se olvide de los días especiales pasa a ser una rutina. Se olvidan de tu cumpleaños o de vuestro aniversario como se olvidan de bajar la tapa del wáter, qué quieres, los hacen así. Y a eso añádele el aumento de responsabilidades y de preocupaciones, el crecimiento de los gastos y su implícita obsesión por el ahorro y por la vertiente práctica de la vida. Ah, y la falta de tiempo, tan socorrida. “Es que no sabes lo liado que he estado estos días; no he tenido tiempo”. ¡Un año! ¡¿Hay un año entero entre una fecha señalada y la siguiente y ellos no tienen tiempo?!

Y luego está cuando se acuerdan –o haces que se acuerden- pero no tienen la neurona programada para eso de la originalidad (¿lo cualo?). Y entonces tiran de los clásicos: la botella de colonia (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de qué perfume uso), la bisutería (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de que todo lo que no sea oro me da alergia) o, peor, la prendita de ropa (veinte años conmigo y aún no… pero ¡¿de qué rayos de bazar chino ha salido este saldo?!). Y, en los casos más graves, te regalan una licuadora (para que le prepares buenos zumos por la mañana), una batidora (para que le hagas gazpacho) o una aspiradora (para que le quites el polvo). ¡Una aspiradora, por dios santo! (mira, nene, el polvo lo acabas de suprimir tú mismo).

En cualquier caso, yo debo decir que no tengo queja. El mío será lo que sea pero nunca deja de sorprenderme. Bueno, alguna vez ha estado bajo de forma y no ha pasado de la colonia o incluso de alguna joyita. Pero en general es un crack. Nunca olvidaré aquel día de Reyes en que me dejó ojoplática con su regalo. Un felpudo. Sí, lo que habéis leído, me regaló un felpudo. Lo peor fue que me tuvo toda la semana antes machacándome con que ese año iba a flipar y que nunca me esperaría un regalo así. Siete días de intriga y de ilusión. Y flipé, ya lo creo. Y, por supuesto, nunca me lo hubiera esperado. Ni siquiera de él. Que sí, que el felpudo era artesano y muy original. Y nos hacía falta. Pero ¡coño, que era un felpudo! Y encima, como era Reyes y mis hijas aún no sabían que habían abdicado en los padres, pues tuve que disimular. Mira, mis aspavientos y saltos de alegría fingiendo que estaba poseída por la emoción eran para grabarlos en video. Eso sí, las niñas se quedaron convencidas de que el sueño de mi vida era tener un felpudo como aquel.

Y yo que creí que lo de la olla a presión era insuperable. Sí, en una ocasión anterior me había regalado una olla a presión. Para ganar tiempo en la cocina, me dijo, con una sonrisa en plan “¡lo he clavado! ¡Esta vez lo he clavado!”. Que yo vi aquello y me dieron ganas de decirle “anda, tú vete metiéndote dentro de la pota esta, que ya le doy yo a la válvula”. Es que… es que.

Pero, mira, como lo importante no es lo material, sino el amor y el cariño, yo no me hago mala sangre. Y, además, he encontrado una forma fantástica de acabar con las frustraciones. Hace ya tiempo que espero siempre con ansia que llegue su cumpleaños. Unos cuantos días antes ya lo voy intrigando: “no te imaginas lo que te voy a regalarme este año”. Y, así, cae un fin de semana en un hotel de lujo, el cuadro que me encantaba para el salón o esa pulsera de oro que, colgada de mi muñeca, representa lo mucho que le quiero. No creo que pudiera recibir mejor obsequio ¿no?

domingo, 14 de junio de 2015

EL CAMBIO


Bueno, bueno, bueno. Ya está. Esto va a ser holivud a partir de ahora. Se han constituido los nuevos ayuntamientos y esto es un fiestorro, oye; se acabaron los problemas. Un fiestorro a lo grande ¿eh? con sus pantallas gigantes, sus fiestas en la calle… ¡qué viva la nueva austeridad!

Ha llegado el cambio. España ha votado cambio, no paro de oírlo. Que, en realidad, lo que ha votado España es mayormente al PP, pero como estos de Podemos y sus marcas blancas y demás parientes se han empeñado en que lo que hemos votado es cambio, pues ya se las han arreglado ellos para cambiarlo todo, o casi. Que da igual que en muchos municipios la mayoría de sus ciudadanos eligieran a un partido para que les gobierne. Qué sabrán ellos, infelices. Menos mal que ahí están los Podemos y variantes para sacarlos de su error y colocar en esos gobiernos a los que han perdido después de no pocos tiras y aflojas.

Qué trajín de pactos, oye. Yo ya me perdí hace días. Hace lo menos una semana que me dije, mira, que paso, tú. Que gobierne quien sea, pero yo las negociaciones esas de mercadillo ya no las sigo. Que si yo te apoyo si gobierna este, que si yo te apoyo si se va el otro, que aquí te voto si echas a tus corruptos, que allí te respaldo aunque la sombra de la corrupción sea alargada, que tú puedes contar conmigo aquí si yo cuento contigo allá… ¡Vamos, vamos, que me los quitan de las manos! ¡A un leuro, todo a un leuro! ¡Las robamos por la noche, las vendemos por el día, más barato que en la mercería! La repanocha. Y lo de ver al PSOE tan encantado de haberse conocido por recuperar poder habiendo perdido la leche de votos sin ser consciente de la tumba que se está cavando, eso no tiene precio.   

El caso es que esto es la madre de todos los cambios y ahora vamos a nadar en la ambulancia, que decía el otro. Mira, se van a acabar los desahucios, va a haber trabajo para todo el mundo, comida para todos los niños, dinero para que todos paguemos los gastos básicos, solo habrá empresas solidarias y socialmente correctas, podremos hablar con nuestros alcaldes en cualquier momento, los podremos ver en el autobús y en el metro… ¡Vente pa España, Pepe! Que igual no tienen los alcaldes competencias para algunas de esas cosas, pero ¿y qué más da, si esto es la revolución? ¡Al carajo las leyes!

Y lo mejor: se acabaron las corbatas, los honores y la presencia de gobernantes en cualquier tradición que huela a Iglesia, por mucho que cuente con el fervor mayoritario del pueblo que sea, que aquí vamos a gobernar para todos pero para unos más que para otros; que eso de las ofrendas y de sacar a pasear los santos ni es cultura ni es nada. Que no me extraña que se les haya aplaudido tanto ese gesto porque, lo que es yo, no veía el momento de que los alcaldes dejaran de ir detrás de San Pedro, San Pancracio o la Santísima Trinidad. Ahora duermo mucho más tranquila y más libre, te lo juro. Que ya era hora de que alguien solucionara ese problemón y acabara con esa lacra,  esa opresión y ese ataque a los derechos y libertades de los ciudadanos que suponía ver a mandatarios locales paseando con la Virgen o asistiendo a actos litúrgicos. ¡Cómo nos va a cambiar la vida!

Y es que, claro, hemos entrado en la era de los partidos “no tradicionales”, qué risa. De momento, en Madrid, la Carmena ha entrado rompedora y ha dicho que de seis concejales de Gobierno nada, que ella nueve; y tres tenientes de alcalde. O sea, se bajan los sueldos pero entran más a repartir. Y a mí que esta política no tradicional me empieza a sonar a… lo de siempre. Como lo de que, nada más llegar, ya le pidan abrumadoramente la dimisión de uno de sus concejales, como si fueran un partido tradicional de esos, oye.

Sí, porque, como ahora lo que se va a llevar es el colorido y la alegría, la nueva alcaldesa de la Villa y Corte cuenta con un concejal que es la monda. Que cuelga en twitter chistes riéndose de Ios judíos, del Holocausto, de Irene Villa y de Marta del Castillo con una finura, una gracia y un buen gusto que él se parte el pecho mientras a ti te dan ganas de partirle la cara. Pero él dice que no dimite, otra cosa novedosa, lo que yo te diga, que estos innovadores empiezan a oler a viejo. Que él no es antisemita ni proetarra, dice. No, hijo, no, tú lo que eres es tonto del culo, dicho esto con todo el humor, como a ti te gusta. Que si no eres capaz de ver que esos chistecillos pueden ofender a mucha gente no quiero ni pensar en los pisotones que vas a dar en tu gestión.

Que conste que yo les doy a todos estos “nuevos” un voto de confianza. Por la cuenta que nos trae, más que nada. Y porque, cuando pasen a ser “viejos”, que no creo yo que la cosa dé para mucho experimento, pues ya sacaremos otro invento. Otro cambio, vaya.