Emburciadas

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martes, 15 de marzo de 2016

QUE SE ACABE LA SIESTA


Si la siesta ha sido siempre -junto con el flamenco, la paella, los toros y la sangría- uno de nuestros rasgos definitorios en la geografía tópica internacional, no te digo nada después del espectáculo político que le estamos ofreciendo al mundo. Y es que no otra cosa sino una larga siesta es lo que nos estamos echando en este país nuestro. Una siesta de las de Cela, de pijama y orinal. Porque hay quien ha decidido dormirnos del todo para que él pueda soñar a gusto; y, si no fuera por lo serio del asunto, la cosa sería para llenar la bacinilla y no echar gota.

Aunque parezca un disparate, hay quien no considera irresponsable sestear entre la incertidumbre y el aburrimiento mientras la crisis continúa dando coletazos, la economía sigue sin ajustarse del todo y el resto del mundo gira como siempre y nos va perdiendo confianza. Ahí tienes a Pedro Sánchez, sin ir más lejos, que ha pensado que su ambición de ser presidente bien vale paralizarlo todo durante unos meses. Que paren máquinas, que me voy a echar un sueñecito, ha venido a decir. Y, con la misma, nos ha metido a todos en un jardín del que a ver cómo salimos.  Que alguien lo despierte, por favor, que va a llegar la hora de la cena y él aún nos tiene en la modorra de después de comer.

Empezó tonteando con unos; luego se arrimó a otros con un flechazo tan fuerte que hasta montó un bodorrio con menos recorrido, eso sí, que los de “Casados a primera vista”. Y así ha seguido soñando con su “yo puedo, yo puedo”  hasta que –se veía venir- los primeros, despechados, le han escupido a la cara que solo hay, para él, una conjugación posible del poder: la primera persona del plural, o sea, podemos.

Y todo porque Rajoy le cae mal. No le culpo: solo a Mariano se le ocurre ganarle las elecciones. Y eso es muy duro para un hombre tan embriagado por su anhelo de ser presidente que sigue creyéndoselo incluso después de la hostia histórica que le dieron las urnas. Incluso tras dos derrotas seguidas en el Congreso. No hay forma de despertarlo.

Tiene que estar muy dormido para pensar que lo natural es que gobierne un perdedor uniéndose a otros perdedores que nada tienen que ver con él. Que lo prioritario son las etiquetas –“cambio”, “izquierda”- y para ello se alíe con un partido al que siempre ha considerado de derechas. Que, tras marcar como línea roja la unidad de la nación, pida el apoyo de independentistas y nacionalistas, aunque algunos sean más diestros que zurdos. Muy traspuesto tiene que estar para creer que su partido tiene menos puntos de encuentro con el Partido Popular que con una fuerza admiradora y sobrecogedora de regímenes como el de Maduro o el iraní y que anima a sus fieles a prepararse para tomar las armas.

Que alguien lo despierte. Que alguien le diga que no puede despreciar a quien ganó las elecciones. Que alguien le convenza de que lo razonable no es buscar etiquetas sino poner a andar al país. Que se acabe la siesta.

sábado, 27 de febrero de 2016

LO NUEVO O EL RECAMBIO


Decía Pablo Iglesias que Podemos es el partido que mejor encarna “lo nuevo”. Qué gran cosa esta de “lo nuevo”, oye. Viene siendo algo así como hablar inglés: te abre muchas puertas. Que tú dices “yo soy lo nuevo” y la gente empieza a confiar en ti, a verte como el solucionador de todos tus males y a votarte como quien adora a un mesías. Y, ya, si dices, “yo soy lo nuevo frente a la casta” lo petas.

Según la Real Academia, “nuevo” es lo “distinto y diferente de lo que antes había o se tenía aprendido”. Una definición que a mí no me casa con los de Iglesias y derivados. A saber: Podemos está siendo investigado por posible financiación ilegal; allí donde gobiernan han enchufado a parejas y demás parientes con sueldos poco propios para la progresía; si son investigados o acusados o montan un escándalo pasan de dimitir; los recién elegidos diputados corren a pedir sus 3.000 euros para taxis mientras su jefe presume de que ellos renuncian a todo privilegio… ¿Nuevo? Pues a mí esto como que me huele a naftalina, ya ves.

Pero hay más. En la batalla –llamarle negociación me parece mucho eufemismo- para formar Gobierno, Pablo Iglesias -tercera fuerza-, le exige a Pedro Sánchez –para que gobierne habiendo perdido- la vicepresidencia, la mitad de los ministerios, el control de la tele, cuarto y mitad de secretarías y un apartamento en Torrevieja. Bueno, vale, lo del apartamento no está contrastado, pero al tiempo. De nuevo, nada ídem bajo el sol político.

Por otra parte, escenas como la que protagonizó hace unos días el concejal madrileño Javier Barbero, que vino a decir que el escrache que le hicieron los policías descontentos con su gestión era incitación al odio mientras que los que hacía él antes eran libertad de expresión, me hacen pensar que estos, más que “lo nuevo”, son simplemente un recambio de lo viejo. Recambiar es, dice la RAE, “sustituir una pieza por otra de su misma clase”. Ahí le han dado.

Le han dado a Barbero, que se ha convertido en “casta”, o sea, “grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado por su raza, religión, etcétera”, volvemos a la Academia. Cuando estaba en el otro lado, al ahora concejal le parecía estupendamente libreexpresionista acorralar e insultar a, por ejemplo, Ruíz Gallardón, solo porque tomaba posesión como alcalde. Pero ahora que ha pisado moqueta considera que hacerle lo mismo a él porque no dialoga es algo inadmisible. Lo era tanto en aquel caso –y en tantos casos habidos- como en el suyo. La única diferencia es el recambio de Barbero.

Y le han dado también a todos los de Podemos y asociados que son investigados, han enchufado, se aferran al cargo, disfrutan de privilegios o piden más poder del que les han dado las urnas.

No son nuevos, son recambios. Y son casta, porque se creen una clase especial. Quizá no por su raza ni por su religión. Pero sí por unos cuantos etcéteras.

jueves, 11 de febrero de 2016

COMPENSACIÓN


Está claro que en este país somos muy de la compensación para todo. Sí, mira, son cosas ¿no? Igual que los estadounidenses son muy de emprender y los chinos muy de arriesgar pues nosotros somos más de compensar. Lo medimos todo en función de si nos compensa o no el esfuerzo o el gasto.

A Rajoy, por ejemplo, no le compensó someterse a la investidura porque en esa sesión le iban a mentar hasta a sus muertos y todo para no llegar a nada porque no tenía los apoyos suficientes. A Pedro  Sánchez, por su parte, no le compensa nadita mantener ni sus principios ni su programa electoral ni su dignidad si eso supone tener que apoyar al PP -¡qué atropello! ¡dejar que gobierne el partido que ha ganado las elecciones! ¡Adónde vamos a llegar!- y romper con su ilusión de ser presidente. Y a Pablo Iglesias no le compensa apoyar a Sánchez si no es a cambio de ser vicepresidente y de que los suyos ocupen no sé cuántos ministerios. Vamos, que de todo eso que vendía de la revolución, de cambiar las cosas y de ayudar a los desfavorecidos ná de ná, qué va. ¿Qué clase de compensación sería lograr todo eso al lado de ser vicepresidente?

El último en dar muestras de esto de la compensación como motor de nuestras vidas ha sido Dani Rovira. Que dice que no le ha merecido la pena presentar la gala de los Goya después de las críticas que ha recibido. Que no le ha compensado, vamos. ¿Qué pasa? ¿te pagaron poco? Oye, que no, que yo lo entiendo ¿eh? Que eso le pasa a mucha gente. Mi vecina la del quinto, sin ir más lejos, no sabes la de veces que me dice que no le compensa limpiar todas las mañanas las oficinas en las que pasa el mocho por la mierda que le pagan. Pero ella, ya ves, no puede dejarlo. Y tampoco puede ir al cine; no le llega. Vamos, no le llegaría ni aunque bajaran el IVA, mira lo que te digo.

Vamos a ver, Dani, que esto es lo que tiene dedicarse a la cosa pública; que a unos les gustas y a otros no. Lo mismo les pasa a los políticos y no por eso se ponen en plan llorica a echar el moco en Twitter. De todas formas, por lo que he visto, tampoco es para tanto. Teniendo en cuenta que siempre os metéis con los mismos, que vienen representando a la tercera parte del país, a más de 7 millones de personas –y potenciales clientes vuestros-, pues ni tan mal. Lo que no queda bien, honestamente te lo digo, es criticar a toda esa gente y luego enfadarte porque te critican a ti. Y, además, son muchos los que rápidamente han salido a apoyarte y a poner a panpedir a los que te criticaron. Que resulta que ahora sacar a unos títeres matando a un juez, violando a una monja o con carteles de “gora alka-ETA” es libertad de expresión, pero criticar a un actor es ser muy mala gente, o envidiosos o “tirar al plato” como dijo alguno.

Aunque no vi la gala, no dudo que tú hiciste bien tu papel, que es el de actuar sobre un guión que supongo yo que escribieron otros. Pero fuiste el que dio la cara y ya tendrías que saber que eso y exponerse a las críticas es todo uno.  Es lo que hay. Sobre todo cuando el guión suena a casposo de tan politizado, antiguo y repetitivo. Que es que, de verdad, lo que se saca en conclusión de toda esta polémica de los Goya y el cine es que falta talento.

Empezando por esa obsesión vuestra por las guerras: la Guerra Civil en las pelis, el No a la Guerra, la guerra para que os demos más dinero en forma de subvenciones y la guerra contra el IVA. Y ahí, además de cansar al respetable con tanta reiteración, es que sois poco creíbles. ¿Tú te crees de verdad, Dani querido, que a mi vecina la del quinto, y a tantas vecinas del quinto como hay, las vais a ganar para vuestra causa poniendo a pedir en plan damealgo-damealgo a gente vestida de Versace que gana una pasta que la mayoría no somos capaces ni de soñar? Y, por otro lado, ¿de verdad os creéis que si se baja el IVA del cine la peña se va a tirar a ver pelis españolas como si no hubiera un mañana? No; volverán a ver La guerra de las galaxias, aprovechando que es más barato.

Y siguiendo con los chistecillos contra el PP. Siempre contra el PP. Y siempre viejos. El del plasma, por ejemplo. Ya canta ¿no? Cuando Rajoy decidió rechazar la investidura, Pedro Sánchez se acojonó tanto que ni plasma ni hostias: despachó la cosa con un comunicado para no dar la cara ni en pantalla. Y no pasó nada. O lo de “sé fuerte”, para que no falte la corrupción pepera. Que digo yo, que si el caso Bárcenas o la trama Gürtel (unos 120 millones de euros) dan tanta risa, el día que hagáis chistes con lo de los EREs o lo de los cursos de formación de Andalucía, que van ya por los 3 o 4 mil millones, nos descojonamos todos vivos ¿no? Pero, no, eso no se toca. O, mejor, ¿por qué no probáis a haceros los graciosos con el fraude del “taquillazo”? Sí, hombre, el asunto ese de falsear datos para que del bolsillo de todos nosotros se le diera dinero a películas que no lo merecían y en el que, entre otros, está implicado el que fuera vuestro presidente. Ya ves que no solo en la política hay corruptos. Pero, claro, de ese temilla ni una palabra en la gala. Entiendo que no os compensaba.

Tú dijiste, en lo que pareció ser el chiste estrella de la noche de autos, que a Montoro no le importaba que se hubiera subido el IVA de la Cultura por la misma razón por la que a ti no te preocuparía que subiera el IVA de los yates, porque tú no tienes yate. Pues tampoco hacía falta llamar inculto a nadie, digo yo. Yo lo que diría es que  a gente con cachés como el que tú has conseguido –y no digamos ya los de nivel tipo Bardem y otros reivindicantes superactivistas- os importaría un pito que, para aumentar las subvenciones a vuestro negocio, por ejemplo, subieran los impuestos del pan, la leche, los pañales, el transporte, los libros de texto, la ropa y cosas así. Y no porque no uséis esas cosas, sino porque con lo que cobráis por trabajar –dinero que en parte sale de nuestros bolsillos- os la trae bastante floja lo que tengáis que pagar por ellas. Porque os compensa, vaya.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

CÓMO VIVIR EL SINOFÓS SIN PERDER LOS NERVIOS


En mi tierra, además de las clásicas etapas de la evolución humana, esto es, infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez, existe una más: la del  sinofós. Viene siendo una adaptación popular de lo que, traducido y bien escrito, sería si no fuera. Y se refiere a ese momento, un poco indefinido pero que suele situarse entre la madurez y la vejez, en que a la clásica pregunta de “¿Cómo estás?” uno contesta “bien, si no fuera por la espalda, que me tiene mártir; si no fuera por la pierna izquierda, que me duele un día sí y otro también; si no fuera por el reúma…”.

Bueno, pues yo he llegado a un punto en que podrían perfectamente nombrarme presidenta de honor del Club del  sinofós, ya ves. Es que llevo una temporadita que voy más al médico que a hacer la compra. Y mi botiquín empieza a parecer el baúl de la Piquer. Nada grave, ¿eh?, toquemos madera. Pero me he hecho –involuntariamente, por supuesto- con una colección de sinofoses que da miedo saludarme. Vamos, que si una mañana me despierto y no me duele nada ya me entra la duda de si me habré muerto sin enterarme. Hay días que me duelen cosas que ni sabía que tenía.

Empecé al final de verano con unas molestias de estómago que, sin ser muy grandes, incordiaban lo suyo. El médico temió que hubiera una bacteria. Y me hizo analizar todo lo que se puede sacar de un cuerpo humano para analizar. No había bacterias, menos mal. Y me recetó unos probióticos, o sea, como los yogures esos que están tan de moda, pero en pastillas. La leche. Que yo, que me lo leo todo, me leí el prospecto, y resulta que cada pastillita de esas contiene ¡450.000 millones de bacterias! ¡¡¡¡?????!!!!! A ver si yo lo entiendo: ¿que buscaban una bacteria como origen de mis problemas y, al no encontrarla, me meten miles de millones por vía oral? ¿Qué pasa? ¿Que nos pica que los análisis nos lleven la contraria? Estamos vendidos.

El caso es que mejoré bastante, misterios de la ciencia. Pero la cosa no queda ahí. Porque también sentía bastante cansancio y algo de desánimo. Así que el galeno, después de otra tanda de análisis para descartar temas mayores, me prescribió unas vitaminas buenísimas con magnesio, que se ve que es lo más, a cuatro pastillas diarias repartidas entre la mañana y la noche.

Y entonces vino la sinusitis. Sí, eso era nuevo. Otro médico. Antibiótico en dos tomas, lavado nasal con solución salina mañana y noche y pulverizador de cortisona para rematar.

En esas estábamos cuando, a mis ya casi permanentes dolores de espalda, se añadió un golpe accidental que me la acabó de estropear con uno nuevo que salía del pecho. Una costocondritis, me dijeron, después de la correspondiente radiografía, toma ya con el nombrecito. Que no me extraña que la carrera de Medicina dure tanto. Claro, tres años para inventarse los nombres más surrealistas posible y otros tres para aprendérselos. Con lo fácil que sería decir que hay una inflamación de la unión de las costillas con el esternón. Pues no; costocondritis, que asusta más. Y antiinflamatorios, a razón de una cada ocho horas.

Y, por si eso fuera poco, mi tiroides se puso juguetona. Después de cinco años sin síntomas, volvió el hipertiroidismo. Otra vez análisis. Que tienen más sangre mía en ese laboratorio que yo misma. Gragea betabloqueante con el desayuno y con la cena para frenar las taquicardias derivadas y otra antes de acostarme para regular las hormonas tiroideas. Y las consabidas revisiones para que la cosa no se desmadre.

Total, que mi rutina se ha convertido en una “toma de la pastilla” continua. Mis desayunos y mis cenas parecen uno de esos bufés libres de hotel, pero con miniaturitas. Una de probiótico, dos de vitaminas, una de antibiótico, una de antiinflamatorio, una de betabloqueante y una de regulador de la tiroides. Menudo plato combinado. Sin olvidar el protector de estómago en ayunas para que no reviente y los lavados nasales con los que empiezo y acabo el día. Y, en medio de cada jornada, fácil que caiga un ibuprofeno contra esos dolores de cabeza que ya forman parte de mí.

En la farmacia me hacen la ola cuando entro. Y para no perderme he tenido que hacer una agenda que me río yo de la de Obama, por ejemplo. Porque la cosa está en organizarse bien para no perder los nervios. Tranquilidad ante todo que, mientras la química ayude, todo va bien. Y, si no, mírame a mí. ¿Que cómo me encuentro? Estupendamente, si no fos…

martes, 1 de diciembre de 2015

EL BELÉN DE ARTUR MAS


Lo que son las cosas, mientras la alcaldesa de Barcelona no quiere celebrar la Navidad, su vecino de enfrente, en la Generalitat, está armando un belén que está causando asombro en el mundo mundial. Pero no asombro de “ooohhhhhh, qué maravilla”, sino asombro de “madre del amor hermoso”, perdónenme la Colau y todos los podemitas la religiosidad de la expresión.

Un belén en el que Artur Mas se empeña en ser el Niño Jesús, pero como nadie lo quiere –o sea, los de la CUP, que no son nadie pero mandan más que Herodes- pues va a acabar conformándose con ser la mula, el buey o el molinero, al tiempo. Aunque el papel que mejor está haciendo hasta ahora es el de caganer, porque mira que lleva tiempo cagándola el tipo.

Y es que el presidente catalán en funciones ya no sabe qué hacer para que no se le acabe la función. Dentro del jardín en el que se ha metido por la independencia esa que hace unos años le parecía un concepto anticuado y hasta oxidado, se está perdiendo ahora en un regateo que está siendo la envidia de los mejores mercadillos. “¡Cuatro presidentes, cuatro!” “¡Ni uno ni dos ni tres, cuatro ofrezco!”, gritaba el otro día vamos, vamos, que me los quitan de las manos. Y aún no se había puesto el sol cuando rebajó la oferta a un solo presidente pero con tres grandes áreas de Gobierno, tan mal le estaban yendo las ventas.

Y así lleva desde las elecciones, cambiando de propuestas como de camisa. Como si Catalunya fuera un tenderete de bragas a tres euros las-robamos-por-la-noche-las-vendemos-por-el-día-más-barato-que-en-la-mercería y él lo que es: un presidente de saldo. A ver cuál es el siguiente paso, miedito me da. Porque a mí, cuando veo que hay titulares nuevos sobre Catalunya, ya me pasa como cuando cojo una lata de espárragos y leo eso de “abrefácil”: me temo lo peor.

Eso sí, mientras los cuperos lo cosen a puñaladas, Arturito sigue lanzando sus dardos victimistas al Gobierno de España. Que pretende, hay que ver la desfachatez, que el Govern cumpla las leyes y que la pasta que le da la dedique a pagar a las farmacias, a la Sanidad y a los proveedores y no se la gaste en lo que a él le dé la gana, como, por poner un ejemplo, en costear la independencia que la mayoría de catalanes no quiere. Como para no cabrearse, oye.

Que, por cierto, ahora resulta que aquella resolución histórica que aprobó el Parlament para iniciar el proceso independentista era solo “una voluntad, aspiración o deseo” sin efectos, según rezan –perdónenme de nuevo los podemitas y demás progres de postal- las alegaciones que la Cámara catalana ha presentado al Tribunal Constitucional. ¡¡¡?????!!!!! ¿Qué pasa? ¿Nos estamos acojonando? Que tiene gracia, por otra parte, que los impulsores de esa resolución que negaba por escrito  la legitimidad y competencias del Alto Tribunal, acudan ahora a ellas para sus intereses. Cualquiera los entiende. Lo curioso es que aún haya quien los compre.

Lo que yo te diga, que Mas ha montado un belén en el que se está liando la marimorena y en el que hasta la estrella ha perdido el norte, confundida por una estelada que, por lo que se ve, solo era un deseo. Lo malo es que son los catalanes los que tienen que cantar los villancicos. Y ya me dirás,  entre las deudas, los hospitales cerrando, los servicios sociales en rojos, las farmacias sin cobrar, las empresas huyendo y los gobernantes hablando del sexo de los ángeles, como para tocar la zambomba.

Porque es a los catalanes a los que les cae encima la mierda de este caganer de pacotilla. Ya quisieran ellos que les cayera la basura espacial, como a los de Murcia.

viernes, 27 de noviembre de 2015

SOLSTICIOS Y ESTULTICIAS


 

Bueno, pues mientras apuramos el Black Friday este tendremos que ir pensando en prepararnos para celebrar el solsticio de invierno, como quiere la alcaldesa de Barcelona. ¿Solsticio? Estulticia, diría yo. O sea, necedad.

Mira que son modelnos los de las sucursales podemitas y mareantes, oye. Son lo más. Es que es alucinante la alergia que le tiene esa gente a las tradiciones y a todo lo que huela a religión. Y las tonterías que llegan a hacer para aparentar que son rompedores. Ellos son el cambio y tienen que demostrarlo. Y como lo que tendrían que cambiar de verdad solo son capaces de empeorarlo, pues se dedican a hacer lavados de imagen en “cosillas” que el respetable lleva haciendo, por ejemplo, dos mil años.

Así, la Colau cambia la Navidad por un solsticio y la Carmena por un carnaval o no sé qué leches, con ceremonias del kimono, cine coreano, gastronomía árabe, poesía serbia, castillos inflables y cuentos indios. Todo muy intercultural y multirracial, que es lo que manda la nueva religión de esta gente. Y, sobre todo, muy no-navideño, que ya se sabe que a la progresía cualquier cosa que huela lo más mínimo a incienso le da sarpullido. Aunque sea algo que le guste a la mayoría, que es otra cosa que también les suele dar alergia.

Eso sí, en las celebraciones organizadas por estas lumbreras de la política todo está barnizado con la conveniente pátina del buenismo. Qué gran cosa el buenismo. Consumo sostenible, compras responsables, juguetes no sexistas, pacifismo, igualdad, solidaridad y respeto, sobre todo mucho respeto. Que tiene gracia que aboguen por el respeto la alcaldesa que tiene de jefa de prensa a una tía que presumió de mear en la calle y la que tiene de portavoz a una que asaltó una iglesia.

Mira que yo no soy muy navideña. Que a mí, aunque al final disfruto las Fiestas, así de primeras la Navidad me estresa. Pero, la verdad, viendo todo esto, me está resurgiendo el espíritu navideño de tal manera que si por mí fuera ya habría montado en casa tres belenes y dos abetos con sus bolas y su espumillón. Y llevo varios días sin parar de cantar villancicos, fun, fun, fun. Hasta me están entrando ganas de mandar christmas a todo el mundo, no te digo más.

Es que no puedo con las moderneces, en serio. Como la del alcalde de A Coruña, otro de la misma casta. Que va a instaurar los bautizos civiles. Tío, que si quieres ser laico, no le llames bautizo, hombre. Que el bautismo es el primero de los sacramentos del cristianismo “con el cual se da el ser de gracia y el carácter cristiano”, según la Real Academia. Así que un bautizo no puede ser civil por muy moderno y antirreligioso que tú te empeñes en ser. Estulto, que eres un estulto. Si lo que quieres es montar una fiesta cada vez que alguien inscriba a su niño en el Registro Civil, pues móntala. O celebra un solsticio. O una estulticia, que ya no vendrá de aquí.

martes, 27 de octubre de 2015

A QUIÉN CARAJO LE IMPORTA


Pues nada, pues genial ¿no? Lo de Catalunya, digo. Que los de Junts pel Sí y la CUP han decidido declarar la independencia. Aún no tienen presidente, pero se ponen a hacer una república, mira. A quién carajo le importa quién gobierne aquello, ni cómo, si se puede tener una república. La cosa es separarse de España y luego campi qui pugui. O sea, el caos. Pero a quién carajo le importa el caos si se puede ser independiente.

Bueno, por lo menos se han puesto de acuerdo en algo. Y eso que los de la CUP habían descartado la declaración unilateral de independencia porque el Sí había perdido el “plebiscito” del 27 de septiembre. Que lo dijo Baños ¿eh?, el jefe cupero. Pero ya ves.

Ahora, en lo de formar gobierno no hay manera de que se entiendan las dos fuerzas independientes del independentismo. Para empezar, porque la CUP, a cambio de su apoyo a Junts pel Sí,  exige que Artur Mas no sea el presidente. Y a Arturito le da un jamacuco solo de pensar en soltar la poltrona. Y, para seguir, porque también impone que no se negocie nada nadita con el Estado. Y que se desobedezcan las leyes. Y que Catalunya se salga de la Unión Europea. Y que nada de recortes. ¡Acabar con los recortes Mas, que es Arturo Manostijeras! anda ya.  

Y no sé cuántas otras exigencias. Que yo ya me pierdo, pero creo que las últimas eran que se anexionen a la nueva república Valencia, Baleares, Aragón, Andorra, Lepe y Burguillos del Cerro; que Catalunya participe en el Festival de Eurovisión con el Virolai; que nombren Conseller en Cap al caganer; y que la butifarra sea excluida de la lista de alimentos cancerígenos de la OMS. Y, claro, así no se puede. Porque el Virolai es una composición preciosa, pero para Eurovisión como que no.

De todas formas, lo de la declaración esa se veía venir ¿eh? Pero ¿cómo no van a querer el divorcio si estos de España no hacen más que acosarlos? Que es un sinvivir, oye. Que si la operación contra los Pujol, que si la imputación de Mas, que si lo del tres por ciento, que si la investigación a Convergència, que si la detención de su tesorero… ¡Hombre, ya está bien! Que va a llegar un momento en que no le dejen a uno robar tranquilo. Porque lo de la Gürtel y lo de Bárcenas y tal es aplicar la ley y luchar contra la corrupción. Pero esto otro no. Esto es una cacería, ya lo dijo el propio Arturito. Caza mayor, dijo, porque él es grande. Una buena pieza, vaya.

Así que no me extraña que decidan marcharse. Lo que se dice huir. Hacemos un país nuevo, empezamos de cero, creamos nuestras propias leyes y, hala, todos inocentes. Sobre todo los catalanes. Que la mayoría votó en contra de la independencia. Que más de la mitad quieren seguir siendo españoles.

Pero a quién carajo le importa lo que quieran los catalanes.