Emburciadas

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lunes, 25 de agosto de 2014

VERANO, PUJOL, MERKEL Y ELECCIONES


Debo reconocer, una vez más, que tengo esto un poco abandonado. Chica, es que esto del verano es lo que tiene, que cambias la rutina y te mueves en otros círculos. En mi caso, concretamente, en el círculo que forma el recorrido desde la cama a la tumbona, pasando por la cocina para preparar gazpacho y otros potingues. Un sopor, vaya. Y, claro, con tanta actividad, pues no tengo tiempo de atender esto. Que tampoco es que me preocupe ¿eh? Que digo yo que si Pujol no tuvo en 34 años un momentito para regularizar la situación de sus ahorrillos ante el Fisco pues tampoco será tan grave que yo no haya encontrado en 17 días el momento adecuado para ponerme a escribir.

Además, el sopor veraniego afecta también a la inspiración. Hasta miras la prensa con otros ojos. Y eso que temas hay, no te creas. Y no me refiero solo a lo de Pujol, por ejemplo. Que tiene tela, sí. Tanto tiempo escuchando eso de que España robaba a Catalunya y resulta que los ladrones estaban dentro. Que el caso viene a ser algo así como lo del robo del Códice Calixtino ¿te acuerdas? Un año estuvimos oyendo teorías de lo más variopintas, desde una mafia de traficantes de obras de arte hasta un complot islamista, para que luego resultara que el ladrón había sido Manolo el electricista, que también estaba dentro, como Pujol. Un fenómeno. Y Manolo también.

Y tampoco me refiero a la visita de la Merkel a Galicia, que también está dando mucho de sí. Que, además de autoridades, turistas y una manifestación, a la alemana la han recibido en Compostela dos apóstoles: Santiago y un escritor gallego de esos que suelen estar en todos los saraos en plan salvapatrias. En nombre de una asociación, el susodicho le ha exigido a la canciller que pida disculpas por el apoyo de los nazis a Franco, toma ya. Que digo yo que es como si le exigen a él que pida disculpas por lo que hizo Franco, que también era gallego. Anda, que espero que la Merkel se haya llevado una buena imagen de esta tierra y de la Ruta Jacobea, porque lo que es de nuestra intelectualidad… en fin.

Pero, no, no. Hay una noticia que me ha llamado más la atención y que tiene que ver con elecciones. Y no, no estoy hablando de la reforma electoral que prepara Rajoy y que los socialistas critican a pesar de que la llevaban en su programa electoral. Hablo de un japonés que les da cien mil vueltas a los del PP y a los del PSOE en eso de buscar la forma de ganar elecciones. El tipo, que quería presentarse a no se sabe qué, fue a lo seguro: si no tengo votantes, los fabrico. Así mismo, tú. Y se hizo cliente más que habitual de una clínica de Tailandia dedicada a proporcionar madres de alquiler con el objetivo de tener miles de hijos que luego le votaran. Que es mucho suponer, además de mucho darle al manubrio. Porque ya se sabe que hay ciudadanos que no votan ni a su padre. Primero tendría que reconocerlos a todos. Y después mantenerlos y educarlos y, sobre todo, instruirlos para lograr su objetivo. Y eso le iba a llevar muchísimo tiempo. Más que a Pujol regularizar lo de sus ahorrillos.

sábado, 9 de agosto de 2014

VERANO IRLANDÉS Y SANIDAD


Leo en un periódico el siguiente titular: “Verano irlandés en Galicia”. Pues mira, no. Yo acabo de estar en Irlanda y ya quisiera yo ese veranito aquí. Que me fui pensando que me iba a una Galicia bis y resulta que tuve un tiempo soleado y de lo más agradable. Algo fresquito a ratos, pero de lluvia, cuatro gotas perdidas. Y lo de aquí… Lo de aquí mejor ni lo comento.

Y es que, aunque inicié el viaje prejuzgando lo contrario, lo del tiempo fue de las pocas cosas que no me hizo caer en aquello de que nada como salir fuera para valorar lo propio. Porque tú vas al extranjero y disfrutas un montón viendo ciudades, paisajes y paisanajes, pero vives muchos momentos en los que te acuerdas del marciano aquel, “mi caaasaaaa”. Sin ir más lejos, a la hora de llenar el estómago. Que para comer, España. Sin duda.

Hubo otro de esos momentos en mi estancia en Dublín, verás. Por un problema menor pero molesto, una, al parecer, conjunción de virus con contractura insufrible, me encontré casi sin alma y tuve que acudir al servicio de urgencias de un hospital. Y allí se me cayó a los pies el cachito de alma que me quedaba. Que nos quejamos aquí de la Sanidad, sí. Y no digo yo que sin razón ¿eh? Pero es que lo de allí….

Lo primero que piensas al llegar a Urgencias es que en vez de estar en un hospital estás detenida en una comisaría. Porque allí no te preguntan qué te pasa; allí te interrogan. Para atenderme quisieron saber hasta ¡mi religión! Que por un momento llegué a temer que me hicieran confesar cuánto tiempo hacía que no me confesaba, válgame el cielo. La señora de la ventanilla de admisión me preguntó también si aquel tipo que me acompañaba era mi marido. Y lo dijo con un tono y una cara de asco tal que a punto estuve de contestarle “ya ve, es lo que hay”. A mi hija ni la miró. No le interesó siquiera saber si era hija de los dos, si había nacido dentro del matrimonio o si era fruto de una aventura mía con un señor de Burgos. Eso no cuenta. Menos mal.

Después me atendió un enfermero con tal inmediatez que no pude evitar prometérmelas felices. Pero qué va. Después de otra tanda larga de preguntas, el enfermero me mandó volver a la sala de espera. Y allí estuve ¡más de cinco horas! des-esperando. Que sí, que ya sé que aquí también hay esperas desesperantes en los servicios de urgencias. Pero es que allí no se movió nadie en ese larguísimo rato. Que no lo digo por mí, que lo mío era doloroso pero soportable y con apariencia de leve. Pero es que en esas cinco horas tampoco llamaron a la señora que tenía la cabeza totalmente torcida por, aparentemente, una parálisis; ni a los dos tipos con las piernas rotas; ni al que sangraba por toda la geografía de su cara y al que nadie le dio ni unas míseras gasas para secar la sangre. Allí no llamaban a nadie.

Finalmente me atendió un médico que no osó ni mirarme a la cara ni demostró mayor interés por mí, salvo una mueca de disgusto al comprobar que el inglés no era mi idioma. Me preguntó algunas cosas a una velocidad que costaba seguir, teniendo en cuenta la necesaria traducción. Me mandó a un pasillo a hacerme una radiografía, me hizo también un análisis de sangre y otra vez a la sala de espera, donde seguían la cabeza torcida, las piernas rotas y la cara sangrante. Tras un buen rato más, me llamó el mismo médico para darme el diagnóstico y me recetó un montón de pastillas, incluyendo unos ansiolíticos. Pero lo más curioso es que ni el médico, ni el enfermero ni la señora de admisión me preguntaron si era alérgica a alguna sustancia. Increíble. Cinco medicamentos me prescribió el tipo sin saber si podía tomarlos.

O sea, que en Irlanda ser alérgico a la aspirina o a la penicilina no tiene la más mínima importancia. Siempre que una sea católica y el tipo que la acompaña sea su marido y no un señor de Burgos.

Eso sí, hacía sol.

domingo, 3 de agosto de 2014

DE TURISMO Y PARECIDOS


Hola, hola, hola. Aquí estoy again. Que sí, que me he ido unos días de vacaciones, seguro que lo habíais notado. Bueno, más bien de turismo, porque las vacaciones se supone que son para descansar y yo estoy más cansada que antes de irme. ¡Madre mía, qué manera de andar, oye! Pero ha merecido la pena conocer algo de Irlanda y volver a Londres, que sí.

Yo quería haber ido a un sitio de playa y tumbona donde el sol fuera como poco un fijo discontinuo y no un parado de larga duración como aquí, qué quieres que te diga. Pero mi familia se rige por un extraño decreto según el cual el destino vacacional lo eligen entre todos menos yo, ya ves. Así que allá nos fuimos, a una Galicia en la que hablan en inglés y conducen por la izquierda. Pero no me quejo, ¿eh? Que me ha encantado.

Lo primero que piensas cuando estás a punto de aterrizar en Dublín es que el avión ha vuelto a Lavacolla sin avisar. Porque el decorado que se ve desde la ventanilla está pintado en tonos gallegos, o sea, el verde vegetal y el gris nubarrón.  Pero es Irlanda. Te das cuenta sobre todo cuando te subes al taxi y te empeñas en sentarte en el asiento del conductor, que allí está donde aquí ponen el del copiloto. Manías.

Y lo cierto es que a las tierras les pasa un poco como a las personas: pueden parecerse mucho y ser, al mismo tiempo, totalmente distintas. Y, en cualquier caso, resulta interesante conocerlas. Dublín merece la pena una visita. Es una ciudad realmente bonita y con mucho ambiente. Imprescindible meterse en uno de sus pubs con música en directo y tomarse una buena cerveza. O dos, que su graduación es bajita.

Preciosa la excursión a la Calzada de los Gigantes. Interesante Belfast. Encantadora la ciudad de Galway, con mucho ambiente también. De leyenda los paisajes y castillos del Parque Nacional de Burren.

Y fantásticos los acantilados de Moher. Aunque su visita sirvió para comprobar cómo, a veces, buscamos lejos lo que no valoramos aquí: al regreso de la excursión, mirando las fotos que habíamos hecho en los acantilados, mi familia alabó especialmente una que les enseñé en mi móvil. Les pareció una vista preciosa e incluso discutieron un ratito sobre el lugar desde donde la había tomado. “¿La hiciste desde el camino que hicimos al borde del precipicio?” “No, yo creo que es desde la torre”, decían. Hasta que les saqué de dudas: “Me la acabo de bajar de Internet. Son los acantilados de Valdoviño, que os recomiendo visitar”.

Y es que a mí me encanta viajar y conocer sitios nuevos. Pero también me parece pecado irse tan lejos y no conocer las maravillas que tenemos al lado de casa. ¿O no? Pues eso.

miércoles, 9 de julio de 2014

¿ES EL ENEMIGO?


Estaba yo leyendo los informes esos de la Assemblea Nacional Catalana y del Centre d´Estudis Estratègics de Catalunya sobre la necesidad de crear un ejército propio para la Catalunya independiente y…

Oye, por cierto, que para ser que lo que quería Artur Mas era un país sin fuerzas armadas, menudo despliegue plantean estos ¿eh? Que Mas quería una Catalunya dentro de la OTAN pero sin ejército, qué gracioso. Hombre, Arturito, ¡que eso es como querer participar en Eurovisión pero sin cantante! O peor, si me apuras.

Bueno, pues que estaba yo leyendo por curiosidad los informes esos y…

Joé, es que… 25.000 soldados, reservistas, vehículos de combate, aviones, barcos de asalto anfibio, helicópteros polivalentes, Brigada de Combate Mecanizado, dos bases navales, un centro de instrucción militar básico… vamos que en la Catalunya sin ejército que quiere su presidente solo les falta el Séptimo de Caballería, el kit completo de los airgamboys –rama militar- y el cañón sin agujero de Gila ¿es el enemigo?

En fin, a ver, que me voy del tema; que estaba yo leyendo esos informes y me ha venido a la cabeza la vez aquella en que, ejerciendo de reportera, me tocó cubrir un simulacro de acción militar organizado por el Ejército cerca de Santiago, con la visita de un general americano de la OTAN. Mira, que ahora me acuerdo y me río, pero que mal rato pasé, de verdad.

Yo llegué un poco tarde y me uní al grupo de militares y periodistas justo en el momento en que un sargento bajito, ante un mapa desplegado en un atril, gritó como si le fuera la vida en ello: “el enemigo está en Lavacolla”. Por más que me esforcé, yo no lograba ver nada, ni enemigos ni siquiera pájaros en la dirección que él marcaba, pero, chico, lo dijo con tal convicción que me empecé a acojonar y a punto estuve de echar cuerpo a tierra.

Localizado el enemigo –al contrario que el Gobierno catalán, que yo creo que aún no lo tiene muy claro; de hecho, en uno de los informes lo sitúa en prácticamente todo el mundo, paseando los riesgos desde África hasta Japón y desde las armas de destrucción masiva hasta la importación de petróleo-; bueno, pues localizado el enemigo en Lavacolla, empezó el ataque. O la defensa. O lo que fuera. Y ahí vino lo mejor. O lo peor.

De pronto empezaron a salir balas de detrás de todos los árboles de los alrededores. Yo no sabía dónde meterme. ¡Yo, que le tengo pánico a los petardos de verbena, metida en aquel lío! Guiada por mi instinto de supervivencia, me arrimé a un militar con unos cuantos galones y alguna medalla que asistía impertérrito a la cosa; así, como para protegerme. El mismo que, un minuto después, me recomendó que me apartara un poco de la línea de fuego -¿la línea? ¡Pero si allí había más líneas que en un bingo!- porque el fuego era real. ¿¡Real!? ¡¿Cómo real?! Como la vida misma, me vino a decir.

No hubo bajas. Por lo menos allí. No me atreví a preguntar cómo había quedado Lavacolla ni quién había ganado. Temía que la cosa hubiera quedado en empate y se les ocurriera jugar la prórroga. Yo a la primera granada de mano que vi explotar decidí que  mi etapa como corresponsal de guerra había durado más que suficiente y me refugié en un lugar apartado. Y a la que noté que la cosa se calmaba, me acerqué al sargento para entrevistarlo y conocer la opinión del general de la OTAN. Como éste no hablaba español y el bajito no tenía ni idea de inglés, la cosa fue simpática, después de todo. “Le ha debido de gustar mucho”, me dijo el sargento, “porque no ha parado de decir very, very”. “Pues eso es definitivo”, le dije yo, que aún me temblaban las piernas y no estaba en situación de enfrentarme al Ejército.

Muchos años después, aún recuerdo aquel episodio cada vez que voy a Lavacolla, al aeropuerto. Y cuando veo a toda la gente que se mueve por allí me entran ganas de preguntarles ¿es el enemigo?

jueves, 3 de julio de 2014

PERIODISTAS Y TRANSGIVERSACIONES


Qué escándalo lo de la discusión entre Bertín Osborne y Beatriz Montañez en la tele, oye. Sí, sí, ya sé que fue hace días y que ya se ha hablado hasta el aburrimiento del tema en los medios y las redes sociales. Pero es que yo no había visto el video de la polémica hasta hoy. Y es la leche. Es increíble. Es inaudito. Alucinada estoy con la Montañez y lo que dijo.

¡Que dijo “transgiversan”, válgame el cielo! Sí, señor, lo dijo. Lo dijo cuando le reprochó a Bertín Osborne que escuchara demasiado a Alfonso Rojo y a Eduardo Inda. O sea, cuando se permitió darle lecciones al cantante sobre a quién hay que escuchar o leer y a quién no, viva la libertad de expresión y de elección. O sea, cuando se concedió la licencia de clasificar entre periodistas buenos y periodistas malos según defiendan lo que ella defiende o lo contrario. Porque ella es una periodista buena. Buenísima, diría yo. Por eso puede decir “transgiversan” sin que se le mueva ni el flequillo. Y, en cambio, Alfonso Rojo y Eduardo Inda son periodistas malos que, dijo, “tienen una impunidad mediática alucinante y transgiversan todo”. ¡Y lo dice ella, que enfatiza lo de “transgiversan” tan impunemente!

Venía la cosa a cuento de la defensa del Gobierno de Venezuela que ha hecho varias veces esa Belén Estéban de la política que es Pablo Iglesias, que ya está más en el candelero que la original y que enfervoriza a sus fans cada vez que le dice a la casta que se coma el pollo. Osborne conoce muy bien Venezuela, por lo que dijo; va a menudo, tiene mucha familia allí y ha tenido incluso relaciones comerciales. La Montañez no. No ha estado nunca ni conoce directamente lo que allí ocurre. Pero eso no importa. Ella puede hablar de lo que no tiene ni idea porque es una periodista buena. Incluso puede enseñarle lo que debe pensar de ello a quien sí tiene idea del tema porque, por mucho que la tenga, escucha a periodistas malos como Rojo o Inda, menuda tropa, y eso hay que reconducirlo.

Pero Beatriz Montañez no solo no tiene idea de lo que pasa en Venezuela, sino que, al parecer, tampoco tenía idea de lo que había dicho Pablo Iglesias, qué mal se documentan algunos periodistas por muy buenos que sean. Y por eso le lanzó una apuesta a Bertín Osborne, de nada menos que mil euros, qué poderío tienen los periodistas buenos, retándolo a encontrar una sola declaración de Iglesias en la que alabara al presidente de Venezuela. La apuesta la ha perdido ella, claro. Internet está llena de intervenciones del politólogo ensalzando a Chávez, su sucesión y al Gobierno venezolano y poniendo lo que ocurre en aquel país como ejemplo de que existe alternativa a lo que ocurre aquí, Dios o quien sea nos libre.

Nada se sabe del pago de la apuesta. Ella no quiere ni hablar del asunto. Mejor, porque si lo hiciera, posiblemente diría que se transgiversaron sus palabras. O se maniluparon. O se defromaron, se retrocieron y se flasearon. O, como poco, que se malintrepetaron.

lunes, 30 de junio de 2014

MANDA HUEVOS

Leer la prensa es lo que tiene, que te encuentras cosas curiosas. Por ejemplo, leo hoy en un periódico que Pedro Sánchez, candidato a la secretaría general del PSOE, dice que “ahora somos mayoría los que aspiramos a un cambio auténtico”. Y justo la noticia siguiente titula “Blanco volvería a primera línea si gana Sánchez”. Pues vale. Pues menudo cambio ¿no? A mí eso me suena más bien a un cambio y marcha atrás, si tal.
 

Pero para curioso, curioso, lo de los cataplines del león del Congreso. Que sí, que no es coña, que lo he leído también. Que resulta que un canal de televisión ha pedido que le coloquen testículos a uno de los leones de bronce que hay en la entrada del Congreso. Y el Gobierno ha contestado que de eso, nada. Manda huevos ¿no? Y eso que la directora del canal televisivo ese se ha ofrecido incluso a ponérselos ella misma si hace falta. Que ya hay que tener pelotas, digo yo. Pero ni así.

 
Los que piden la cosa han investigado y han llegado a la conclusión de que no hay ninguna razón artística, histórica o biológica para que el león de marras no tenga lo que hay que tener. ¡Biológica! ¡Coño, que es de bronce!

 
Suena a cachondeo, ya lo sé, pero la cosa es seria, no creas. Tanto que, a partir de la solicitud de la tele esa, las pelotillas del pobre león han pasado por una comisión parlamentaria y dos ministerios, ahí es nada. Y ha sido el de Educación el que ha dicho que nones. Que ponerle a estas alturas sus atributos al bicho podría causarle efectos dañinos. Y que, además, ha venido a decir, el león ya venía sin huevos de serie. Bueno, en realidad ha dicho que en los años 50 ya no los tenía. Lo que no aclara es si en 1872, que es cuando lo pusieron en la fachada del Congreso, los tenía o no y, en caso afirmativo, qué huevos pudo pasar con los huevos del león entre ese año y los años 50.

 
Pero lo que más me ha gustado es que el Gobierno ha agradecido al canal de televisión su preocupación “por los símbolos que mejor nos representan”. ¿? ¡???! ¡¡¡¡????!!!!! ¿Un león sin cojones es uno de los símbolos que mejor nos representan? Pues ahora empiezo a entender muchas cosas. Así nos va.

 
Y es que este país tiene unos problemas de pelotas. Problemas cojonudos, vaya. A la vista está. Normal, por lo tanto, que Pedro Sánchez reclame cambios auténticos. Claro que tiene bemoles que piense en renovar las cosas contando con Blanco. Manda huevos.

jueves, 26 de junio de 2014

JUBILADOS, AFORADOS Y FORRADOS


Madre del amor hermoso, cómo está el patio. Oye, que te despistas un momento y esto se pone patas arriba. Empezando por la de gente que se ha dado el piro. Se jubila el Rey, se jubila Rubalcaba, se jubila Magdalena Álvarez, se jubila Willy Meyer… Que me iba a echar una siesta pero digo, no, casi que no, que lo mismo en lo que entorno los ojos se nos jubila hasta María Teresa Campos. O Gayoso, el de la Televisión gallega, no te digo más.

Desde que nos dijeron que los Reyes son los padres -los padres de Leonor y Sofía, quiero decir- esto es un no parar de sorpresas, de verdad. Mira, si no, a la Infanta Cristina, que la quieren sentar en el banquillo cual vulgar concejala o directora general, lo que hay que ver. No me extraña que su padre dijera hasta aquí hemos llegado y decidiera hacer mutis por el foro. O por el fuero, que se lo acaban de conceder. Que tiene su gracia, por cierto, ver a tantos diputados poniendo el grito en el cielo por la cosa esta de aforar a Don Juan Carlos. Que eso es mucho privilegio de Nuestro Señor, vienen a decir. ¡Y lo dicen ellos, que son aforados! Tiene bemoles el asunto. Mucho exigir igualdad de trato para la realeza, pero que la igualen con otros, no con los parlamentarios, hasta ahí podíamos llegar.

Y es que, es verdad, no todo el mundo es igual. Por ejemplo: el Rey deja su cargo y lo aforan. Y Maleni deja el suyo y la forran. Diez mil eurillos al mes de indemnización, cómo se te queda el cuerpo. Mira por dónde, una ayudita para pagar la fianza por el tema ese de si EREs o no EREs culpable.

Ahora, que yo, qué quieres que te diga, creo que esta mujer se merece eso y más. Que el servicio que nos ha hecho a los españoles es impagable, ¿que no? A ver, con lo triste y gris que es la política, las intervenciones de Maleni cuando era ministra le levantaban a uno el ánimo a carcajada limpia, no me digas. Como aquella comparecencia que hizo con el tema de la nevada que colapsó Madrid en 2009 ¿te acuerdas? Sí, sí, aquella “preciosa nevada”, como dijo la tía. Y luego soltó el trabalenguas aquel de “si la borrasca cambió de forma impredecible, no la pueden predecir, y si no la predicen quienes la tienen que predecir, ¿cómo quieren ustedes que lo vayamos a predecir aquellos que estamos esperando la predicción?”. Sublime. Que hubo un asistente que estuvo a punto de decir “¡la gallina!”, pensando que era una adivinanza. Y otro que estaba ensayando el de “tres tristes tigres”, para competir con ella. Mira, no me había reído tanto desde que vi por primera vez “La vida de Brian” de los Monty Python. Y eso es de agradecer, con este panorama tan sombrío que nos rodea.

Tan sombrío que, es cierto, dan ganas de jubilarse. Yo, si pudiera, lo hacía mañana mismo, que hoy se ha hecho un poco tarde. Estaría encantada, aunque no me aforaran ni me forraran.