Emburciadas

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sábado, 12 de septiembre de 2015

VÍA LIBRE


Pedazo acto electoral el de ayer en Barcelona, oye. Los separatistas de Junts pel Sí y de la CUP se unieron para su gran apertura de campaña y lo bordaron. Eso es un mitin y lo demás son historias ¿que no? Ya quisieran otros partidos mitinear así.

Claro, que otros partidos no tienen los medios que tuvieron estos, ni serían capaces de apropiarse de la fiesta de su país, de su comunidad o de su pueblo para abrir una campaña electoral. Pero estos sí. Estos hacen lo que les da la gana y no-pasa-nada, como dice un spot de la tele. Vía Libre lo llaman. Y si alguien rechista, ya sabéis, la culpa es nuestra; o sea, de España; o sea, de los otros españoles. Que da igual que hayamos nacido en La Barceloneta o en Murcia; si estamos en contra de la independencia somos españoles y nada más. Así, como si fuera un insulto.

El caso es que, como ellos pueden hacer lo que les dé la gana, pues han dicho la Diada es mía y la calle también y han contado con casi un millón y medio de extras (según la Guàrdia Urbana; dos millones según los organizadores; poco más de medio millón según la Delegación del Gobierno, que se ve que lo de las matemáticas va según el gremio; un mogollón en todo caso) para hacer un mitin gigante. Y precioso, las cosas como son. Qué colorido tenía ayer la Meridiana, con lo triste que es esa calle. Todos con su flechita de cartulina, ahora la subo, ahora la bajo. Que parecían militares norcoreanos en un desfile pero en plan guay. No les quedó tan bonito como los hacen en Corea, es verdad, pero yo creo que eso fue culpa del video que hizo la ANC para enseñarles cómo era la cosa. Para adoctrinar, vamos, que es lo suyo. ¿Lo habéis visto? El video, digo. Pues es para verlo, de verdad. Dos cómicos haciendo mímica como si fuera para idiotas. Como si lo que nos estamos jugando los catalanes fuera una broma, vamos, qué divertido es todo y qué bien nos lo pasamos.

Yo me quedé más tranquila al comprobar que ayer salieron más catalanes en las teles diciendo que estaban en contra de la independencia y lo argumentaban con temores fundados sobre el futuro de su economía o la vida fuera del paraguas de la Unión Europea. No como otros años, que solo aparecían los que estaban a favor de divorciarse de España porque “Catalunya es una región muy bonita” –juro que lo dijo una señora- o porque “ya está bien de que España nos robe” –que lo mismo el que lo dijo votaba a Convergència, qué gracia, bendita ingenuidad-. Sí, me gustó que por fin hablaran algunos representantes de la opinión mayoritaria. Porque no olvidemos que, incluso según el CEO –que viene siendo el CIS de la Generalitat-, la mitad de los catalanes están en contra de la independencia, frente a un 42,9 que están a favor. A algunos de los que hablaron les abucheaban, pero es lo que tiene el sectarismo.

En fin, que yo creo que con lo de ayer, a estos ya no les hace falta más campaña. Total ¿para qué? Si, pase lo que pase en las elecciones, ellos declararán la independencia y lo que les pete. Da lo mismo que se cumplan las premoniciones del CIS, que dice que solo un 44% de los catalanes darán su voto a las fuerzas independentistas. Al fin y al cabo, ya sabemos que a los de Mas eso de afanar porcentajes se les da de cine. Después de tantos años robando –presuntamente- un 3 por ciento, no les va a dar ninguna cosilla apropiarse de, por ejemplo, un 6. ¡Vía libre, hombre!

Además, ¿cómo no van a seguir adelante con lo suyo, sea cuál sea el resultado, después de la amenaza de Lluís Llach de que si no es así se va a Senegal? A mí me encanta Lluís Llach, vaya eso por delante. Su música, quiero decir. Y me encanta también la gente que no tiene más problemas que la identidad del sitio en el que vive. A lo mejor si fuera un parado, un mileurista, un limpiaoficinas por dos duros o, pongo por caso, un senegalés, le cambiaban las prioridades. Pero no es el caso. Así que él, si Catalunya no se hace independiente, se va a Senegal.

Pues muy bien, Lluís. Tú no te preocupes. Después de todo, con esto de la globalización de la que tú y los tuyos os queréis apear para vivir en un islote, tus fans seguirán pirateando tu música en Internet vivas donde vivas. No hay problema. Si te quieres ir… ¡Vía libre!

jueves, 27 de agosto de 2015

HASTA LOS HIGADILLOS


Bueno, pues, finalizadas mis vacaciones,  cerrada convenientemente la puerta de mi casa para que no entren más parientes a llenarla  y repasada la prensa veraniega, me asomo por aquí para decir algo que es que si no lo suelto reviento. Y paso de lo políticamente correcto y de lo que se lleva y de lo que no y de que me acusen de pertenecer a no sé qué caverna y de que me llamen lo que les dé la gana. Que me da igual.

Así que lo digo: estoy hasta los higadillos de los progres de postal, del postureo pijo-seudoizquierdista, de los embaucadores de mercadillo y de los charlatanes de la “nueva” política que en cuanto pisan moqueta se quitan el disfraz de pueblo y sacan al burgués trasnochado que llevan dentro. Qué hartazgo, de verdad.

El nuevo alcalde de Santiago, por ejemplo. Sí, Martiño Noriega, el de Compostela Aberta, sucursal de Podemos. El mismo que mientras era alcalde de un pueblo de al lado por un partido se presentaba a la alcaldía de la capital por otro. Este progre representante del populacho, este héroe del buenismo, este obseso de las políticas sociales les ha retirado las subvenciones del Ayuntamiento a dos asociaciones que se dedican a ayudar a madres con hijos pequeños y a embarazadas que no tienen recursos para comprar lo más básico para sus niños. Y les retira las ayudas “por cuestiones ideológicas”, tócate los pies. Y lo dice así, sin sonrojarse. Pero ¿a qué recuerda eso de castigar a alguien por cuestiones de ideología? ¿Lo de la represión ideológica no había acabado hace cuarenta años? ¿No eran estos los salvadores de la libertad?

Que han traspasado una línea roja que se no se puede cruzar, dice el Gobierno de Noriega como quien dice algo sensato. Y todo porque esas asociaciones apoyan a mujeres que no quieren abortar, qué pecado. Pero, vamos a ver, ¿la cosa no era defender la libertad de decisión de cada mujer? ¿Para eso hemos luchado tanto? ¿Qué pasa? ¿que los que defendemos la libertad para abortar tenemos que perseguir a las que deciden no hacerlo? Pues, al parecer, así lo entiende este progrealcalde, para quien las actividades de estas dos asociaciones “chocan contra nuestras líneas programáticas”. O sea, ayudar a madres o embarazadas víctimas de violencia de género o sin trabajo o sin recursos para atender a sus hijos son actividades que chocan con las líneas programáticas de ese partido apoyado por Podemos. Tomamos nota.

Vamos, que para justificar lo injustificable, el alcalde y sus secuaces han pintado a estas dos asociaciones casi como grupos de delincuentes, cómplices de mujeres que, al tomar la decisión de tener hijos, ejercen una libertad contraria a las buenas costumbres, como dijo Pilar Primo de Rivera, mira tú.  Y las han acusado de ser no sé cuántas cosas estos retrógrados de los huevos. Vaya, que no las han llamado cerdas yo creo que por miedo a que acudan a pedir amparo a la flamante concejalía de Bienestar Animal creada por ellos mismos, que ya se sabe que primero están los gatos que las madres.

Y, claro, después de esto, otras cosas de los nuevos gobernantes pijoprogres ya te parecen chistecillos. Como lo de que la Carmena haya veraneado en una urbanización de lujo y en una casa de a cuatro mil euros la semana. ¿Qué esperabais? ¿Que pasara las vacaciones en una tienda de campaña con el perro y la flauta? O que cogiera el coche oficial a los cuatro días de asegurar que ella iría siempre en metro. ¿Qué esperabais? ¿Que se embutiera todos los días en un vagón aspirando el calor humano de curritos, parados, estudiantes y pobres cantando lo de es muy triste tener de pedir pero es más triste tener de robar? Por Dios santo, en metro. O que la Colau llore de impotencia y rabia porque se ha dado cuenta de que no puede solucionar como alcaldesa todos los problemas que prometió solucionar cuando aspiraba a serlo. ¿Qué esperabas? ¿Que todo iba a ser tan fácil como montar una tienda de campaña con el perro y la flauta? Pobrecita, ella que acusaba a otros de no solucionarlos porque no les daba la gana se ha hecho mayor de golpe.

Hasta los higadillos, en serio.

martes, 7 de julio de 2015

DÍAS DE LAS BANDERITAS


Mira que nos gustan en este país las banderas, oye. Menos la nuestra, que parece ser que es la que da más como cosilla exhibir. Lo del “Día de la banderita” que instauró la Cruz Roja se está quedando atrás. Ahora tenemos casi un Día de la banderita diario.

Lo mismo el Ayuntamiento de Zaragoza iza la bandera saharaui como muestra de solidaridad que el de Pamplona cuelga la Ikurriña como muestra de provocación o Pedro Sánchez pone la española de fondo de escenario en un mitin como muestra de… de…, bueno, de lo que sea.

Y, en general, un día nos colocamos la multicolor del orgullo gay y casi al día siguiente ya tuvimos que apartar un poco la arcoíris para hacerle sitio a la de Grecia, ¡hala! ¡España es un gran mástil!

Que yo no lo critico ¿eh? Que a mí me parece estupendo que nos envolvamos en símbolos; que no nos da de comer pero queda guay. Ya me gustaría a mí ser una mujer de bandera, pero por más que busco no me encuentro yo tela para armarla.

Lo que sí es verdad es que yo soy poco de símbolos, ya ves. Siempre me da un poco de miedo que la cosa –la que sea- se quede en eso, manías de una. Porque colgar o enseñar una bandera es facilísimo; pero profundizar en lo que hay detrás –o debajo o encima- pues ya es otra cosa.

Lo de Grecia, por ejemplo. Por supuesto que, como la mayoría, deseo que ese fantástico país salga del atolladero. Y espero que, por detrás –o por debajo o por encima- de los símbolos y las algarabías, se encuentre una solución para que los griegos superen el bache. Porque, como de costumbre, son los ciudadanos los que sufren los errores de sus dirigentes. Solución que, supongo, pasa porque Europa ofrezca una nueva oportunidad pero, sobre todo, porque el Gobierno heleno cumpla con sus compromisos y responsabilidades. Ahora, lo de que los españoles celebremos que en Grecia triunfara el no a que, entre otras cosas, nos vayan devolviendo los 26.000 millones de euros que les prestamos nosotros, que llevamos años apretándonos el cinturón y sudando tinta china para no llegar al punto en que están ellos, pues no lo veo, qué quieres. Que estamos nosotros como para financiar los simpas de otros, vaya. Así que, banderas aparte, no entiendo el orgasmo de emoción que mucha gente ha demostrado con lo del referéndum griego. Yo hace tiempo que creo que en nuestro país, desde que se lleva mucho más ser progre que progresista, pensamos poco.

Y tampoco soy de exhibicionismos. Así que me parece preciosa la bandera de colores, pero no comparto la filosofía de las fiestas del orgullo gay. No acabo de entender que pasar de ser perseguidos y tener que esconderse a exhibirse vestidos grotescamente -o desnudos grotescamente- y haciendo gestos y representaciones obscenas y muchas veces ridículas sea un avance. O sea, que yo lo veo como que hemos pasado de ocultar a los homosexuales como si fueran bichos raros a pasearlos en las ferias como si fueran bichos raros.

Para mí que hay un error de concepto. No creo que ser homosexual sea algo de lo que estar orgulloso, sino algo que hay que respetar al mismo nivel que se respeta que uno sea heterosexual. A lo mejor es porque a mí me lo enseñaron así desde pequeñita y por eso siempre he visto la homosexualidad con toda naturalidad. Y en esa visión se ha avanzado mucho a nivel legal y bastante a nivel social. Y, la verdad, quienes no respetan a los gais o a las lesbianas dudo mucho que lleguen a hacerlo a base de verlos pasearse medio en cueros y haciendo cosas raras por la Gran Vía de Madrid, pongo por caso. De la misma forma que a mí me dan cierto repelús los tíos, por muy machos que sean, que le piden a su novia en matrimonio en un programa de televisión para que lo vea todo el mundo, qué bochorno.

En fin, que no sé; que igual estamos abusando mucho de las banderas para tapar ciertos agujeros.

lunes, 22 de junio de 2015

REGALOS Y ROMANTICISMO


En estos días atrás, entre elecciones y formaciones de gobiernos, fue mi cumpleaños. Bueno, no pasa nada ¿eh? Son cosas de la vida, tampoco hay que dramatizar. Al fin y al cabo solo cumplí uno más que el año pasado, que una no es de excesos.

El caso es que, con tal motivo, me vinieron a la cabeza esas típicas conversaciones de grupo de amigas, cañita mediante, en las que sale a relucir un tema clásico donde los haya: los regalos de los maridos o asimilados. Con el romanticismo hemos topado. O, mejor dicho, con la falta de romanticismo. Que sí, que ya lo sé, que los hay que no pierden la chispa ni llegadas las bodas de oro. Siempre hay alguna que estira el cuello y te  suelta lo de “pues el mío es súper detallista, hija, nunca se olvida y siempre me sorprende con un regalazo”. Y remarca lo de regalazo, la tía. Y siempre hay, también, otra que, por lo bajini, susurra un “algo habrá hecho” como quien no quiere la cosa. Que ya se sabe que las amigas pueden ser como hermanas, pero de primas tienen poco.

Sin embargo, seamos sinceras, lo normal es que, pasada la pasión (y no estoy hablando de la Semana Santa), los propios se vayan como dejando, despistando, acomodando… y olvidando sus verdaderas obligaciones. Vamos, que empiezas a verlos más bien como impropios.

Percibes que ha empezado esa fase el día señalado en que tú le tienes que soltar una indirecta –lo cual ya es una señal- y él pone una cara de… ¿cómo lo diría?... una cara como… como si acabara de escuchar a Errejón diciendo lo de "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”. Pues eso. Que dan ganas de decir “¡la gallina!”. A la adivinanza de Errejón, me refiero. Y cuando por fin lo entiende –lo de la indirecta, quiero decir, que lo de Errejón requiere un máster-, te pone cara de puerro y te contesta “ah, que era hoy”. Mal vamos. Eso sí, él, antes muerto que pillado, recompone el gesto rápidamente y te sonríe con un “que sí, mujer, ¿cómo me iba a olvidar? Verás la sorpresa que te traigo esta noche”. Vamos peor.

Esos cumpleaños suelen acabar con un ramito de flores tipo bonsái –por el tamaño, digo, no por el precio- sin lazos ni adornos. Sin ni siquiera un triste papel de celofán del Alcampo. Que tú, digna hasta en las peores situaciones, se lo agradeces con un beso y una sonrisa mientras piensas muy para tus adentros de-dónde-lo-habrá-robado-el-tío.

A partir de ahí ya lo de que se olvide de los días especiales pasa a ser una rutina. Se olvidan de tu cumpleaños o de vuestro aniversario como se olvidan de bajar la tapa del wáter, qué quieres, los hacen así. Y a eso añádele el aumento de responsabilidades y de preocupaciones, el crecimiento de los gastos y su implícita obsesión por el ahorro y por la vertiente práctica de la vida. Ah, y la falta de tiempo, tan socorrida. “Es que no sabes lo liado que he estado estos días; no he tenido tiempo”. ¡Un año! ¡¿Hay un año entero entre una fecha señalada y la siguiente y ellos no tienen tiempo?!

Y luego está cuando se acuerdan –o haces que se acuerden- pero no tienen la neurona programada para eso de la originalidad (¿lo cualo?). Y entonces tiran de los clásicos: la botella de colonia (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de qué perfume uso), la bisutería (veinte años conmigo y aún no se ha enterado de que todo lo que no sea oro me da alergia) o, peor, la prendita de ropa (veinte años conmigo y aún no… pero ¡¿de qué rayos de bazar chino ha salido este saldo?!). Y, en los casos más graves, te regalan una licuadora (para que le prepares buenos zumos por la mañana), una batidora (para que le hagas gazpacho) o una aspiradora (para que le quites el polvo). ¡Una aspiradora, por dios santo! (mira, nene, el polvo lo acabas de suprimir tú mismo).

En cualquier caso, yo debo decir que no tengo queja. El mío será lo que sea pero nunca deja de sorprenderme. Bueno, alguna vez ha estado bajo de forma y no ha pasado de la colonia o incluso de alguna joyita. Pero en general es un crack. Nunca olvidaré aquel día de Reyes en que me dejó ojoplática con su regalo. Un felpudo. Sí, lo que habéis leído, me regaló un felpudo. Lo peor fue que me tuvo toda la semana antes machacándome con que ese año iba a flipar y que nunca me esperaría un regalo así. Siete días de intriga y de ilusión. Y flipé, ya lo creo. Y, por supuesto, nunca me lo hubiera esperado. Ni siquiera de él. Que sí, que el felpudo era artesano y muy original. Y nos hacía falta. Pero ¡coño, que era un felpudo! Y encima, como era Reyes y mis hijas aún no sabían que habían abdicado en los padres, pues tuve que disimular. Mira, mis aspavientos y saltos de alegría fingiendo que estaba poseída por la emoción eran para grabarlos en video. Eso sí, las niñas se quedaron convencidas de que el sueño de mi vida era tener un felpudo como aquel.

Y yo que creí que lo de la olla a presión era insuperable. Sí, en una ocasión anterior me había regalado una olla a presión. Para ganar tiempo en la cocina, me dijo, con una sonrisa en plan “¡lo he clavado! ¡Esta vez lo he clavado!”. Que yo vi aquello y me dieron ganas de decirle “anda, tú vete metiéndote dentro de la pota esta, que ya le doy yo a la válvula”. Es que… es que.

Pero, mira, como lo importante no es lo material, sino el amor y el cariño, yo no me hago mala sangre. Y, además, he encontrado una forma fantástica de acabar con las frustraciones. Hace ya tiempo que espero siempre con ansia que llegue su cumpleaños. Unos cuantos días antes ya lo voy intrigando: “no te imaginas lo que te voy a regalarme este año”. Y, así, cae un fin de semana en un hotel de lujo, el cuadro que me encantaba para el salón o esa pulsera de oro que, colgada de mi muñeca, representa lo mucho que le quiero. No creo que pudiera recibir mejor obsequio ¿no?

domingo, 14 de junio de 2015

EL CAMBIO


Bueno, bueno, bueno. Ya está. Esto va a ser holivud a partir de ahora. Se han constituido los nuevos ayuntamientos y esto es un fiestorro, oye; se acabaron los problemas. Un fiestorro a lo grande ¿eh? con sus pantallas gigantes, sus fiestas en la calle… ¡qué viva la nueva austeridad!

Ha llegado el cambio. España ha votado cambio, no paro de oírlo. Que, en realidad, lo que ha votado España es mayormente al PP, pero como estos de Podemos y sus marcas blancas y demás parientes se han empeñado en que lo que hemos votado es cambio, pues ya se las han arreglado ellos para cambiarlo todo, o casi. Que da igual que en muchos municipios la mayoría de sus ciudadanos eligieran a un partido para que les gobierne. Qué sabrán ellos, infelices. Menos mal que ahí están los Podemos y variantes para sacarlos de su error y colocar en esos gobiernos a los que han perdido después de no pocos tiras y aflojas.

Qué trajín de pactos, oye. Yo ya me perdí hace días. Hace lo menos una semana que me dije, mira, que paso, tú. Que gobierne quien sea, pero yo las negociaciones esas de mercadillo ya no las sigo. Que si yo te apoyo si gobierna este, que si yo te apoyo si se va el otro, que aquí te voto si echas a tus corruptos, que allí te respaldo aunque la sombra de la corrupción sea alargada, que tú puedes contar conmigo aquí si yo cuento contigo allá… ¡Vamos, vamos, que me los quitan de las manos! ¡A un leuro, todo a un leuro! ¡Las robamos por la noche, las vendemos por el día, más barato que en la mercería! La repanocha. Y lo de ver al PSOE tan encantado de haberse conocido por recuperar poder habiendo perdido la leche de votos sin ser consciente de la tumba que se está cavando, eso no tiene precio.   

El caso es que esto es la madre de todos los cambios y ahora vamos a nadar en la ambulancia, que decía el otro. Mira, se van a acabar los desahucios, va a haber trabajo para todo el mundo, comida para todos los niños, dinero para que todos paguemos los gastos básicos, solo habrá empresas solidarias y socialmente correctas, podremos hablar con nuestros alcaldes en cualquier momento, los podremos ver en el autobús y en el metro… ¡Vente pa España, Pepe! Que igual no tienen los alcaldes competencias para algunas de esas cosas, pero ¿y qué más da, si esto es la revolución? ¡Al carajo las leyes!

Y lo mejor: se acabaron las corbatas, los honores y la presencia de gobernantes en cualquier tradición que huela a Iglesia, por mucho que cuente con el fervor mayoritario del pueblo que sea, que aquí vamos a gobernar para todos pero para unos más que para otros; que eso de las ofrendas y de sacar a pasear los santos ni es cultura ni es nada. Que no me extraña que se les haya aplaudido tanto ese gesto porque, lo que es yo, no veía el momento de que los alcaldes dejaran de ir detrás de San Pedro, San Pancracio o la Santísima Trinidad. Ahora duermo mucho más tranquila y más libre, te lo juro. Que ya era hora de que alguien solucionara ese problemón y acabara con esa lacra,  esa opresión y ese ataque a los derechos y libertades de los ciudadanos que suponía ver a mandatarios locales paseando con la Virgen o asistiendo a actos litúrgicos. ¡Cómo nos va a cambiar la vida!

Y es que, claro, hemos entrado en la era de los partidos “no tradicionales”, qué risa. De momento, en Madrid, la Carmena ha entrado rompedora y ha dicho que de seis concejales de Gobierno nada, que ella nueve; y tres tenientes de alcalde. O sea, se bajan los sueldos pero entran más a repartir. Y a mí que esta política no tradicional me empieza a sonar a… lo de siempre. Como lo de que, nada más llegar, ya le pidan abrumadoramente la dimisión de uno de sus concejales, como si fueran un partido tradicional de esos, oye.

Sí, porque, como ahora lo que se va a llevar es el colorido y la alegría, la nueva alcaldesa de la Villa y Corte cuenta con un concejal que es la monda. Que cuelga en twitter chistes riéndose de Ios judíos, del Holocausto, de Irene Villa y de Marta del Castillo con una finura, una gracia y un buen gusto que él se parte el pecho mientras a ti te dan ganas de partirle la cara. Pero él dice que no dimite, otra cosa novedosa, lo que yo te diga, que estos innovadores empiezan a oler a viejo. Que él no es antisemita ni proetarra, dice. No, hijo, no, tú lo que eres es tonto del culo, dicho esto con todo el humor, como a ti te gusta. Que si no eres capaz de ver que esos chistecillos pueden ofender a mucha gente no quiero ni pensar en los pisotones que vas a dar en tu gestión.

Que conste que yo les doy a todos estos “nuevos” un voto de confianza. Por la cuenta que nos trae, más que nada. Y porque, cuando pasen a ser “viejos”, que no creo yo que la cosa dé para mucho experimento, pues ya sacaremos otro invento. Otro cambio, vaya.

martes, 26 de mayo de 2015

JORNADA DE REFLEXIÓN


Pues, mira, ya ha pasado la jornada de reflexión. Sí, porque de todos es sabido que la jornada de reflexión es la que va después de las elecciones. La víspera del día de los comicios se llama así pero es porque… bueno, no sé por qué es. Porque en realidad, el día antes de votar es una jornada de todo menos de reflexión. Es una fecha multidisciplinar: es el día del padre y de la madre, con los candidatos paseando con sus hijos; el día del deporte, con los candidatos corriendo en chándal; el día de los animales, con los candidatos jugando con sus perros; el día del libro, con los candidatos leyendo… Un día completo, vaya.

Pero la verdadera jornada de reflexión fue ayer. Viene siendo como el Día de la Salud que sigue al de la lotería de Navidad, pero con menos pedreas. Ayer todos los líderes de los (ya menos) grandes partidos políticos en España, en las comunidades autónomas y en los municipios salieron diciendo que tenían que reflexionar. Pues va a ser que sí. Ahora que, visto lo visto, ya te digo yo que esa jornada de reflexión va a durar muchos días.

Fue un día en el que, una vez dicho lo de la reflexión, los líderes se pusieron en plan Fernando Alonso: la culpa ha sido del coche. Qué máquinas. Que ellos han hecho un gran trabajo, dicen, pero que no han llegado a la meta. Ya. A otros por menos los largan, mira a Ancelotti si no.

Y luego están los que, dicho lo de la reflexión y lo del coche, sacan pecho y dicen que, aún así, ellos han ganado. Pues sí. Pero, vaya, como dijo Pirro, otra victoria como esta y acaban vencidos del todo.

Y los que dicen que peor les ha ido a otros, el que no se consuela es porque no quiere, antes muerto que humilde.

Y fue, también, día de reflexión para las empresas de la demoscopia. Para repasar las encuestas, vaya. Que tú ves alguna y parece que la haya hecho un adivino de esos que te echa las cartas de madrugada en la tele. Como en plan me sale aquí el arcano del Mundo vuelto del revés, que viene significando que hay obstáculos, que hay alguien por medio que está bloqueando que esto avance como tendría que avanzar, pero sin sacar el arcano de la fuerza para adivinar el poderío de ese alguien. Vamos, que se quedaron en un te veo mal, Mariano, en un cuidado con el lobo, Pedrito, pero sin acertar a medir la subida de la marea.

Una de dos, o los españoles mentimos más en las encuestas que cuando hablamos de sexo, o los demoscópicos no supieron interpretar las respuestas de los sondeos y vislumbrar la fuerza de los “nuevos”. Que es que algunas les otorgaban un papel secundario en sitios en los que van a acabar gobernando. O ni siquiera los mencionaban en otros donde se han colocado como tercera fuerza. Y, en general, hay diferencias de hasta tres y cuatro escaños ne pueblos en los que se jugaban poco más de veinte. Vamos que clavar, lo que se dice clavar los resultados, pues más bien no.

Bueno, pues nada, ahora solo nos queda esperar a ver qué hacen esas mareas y tal allí donde tengan responsabilidades de gobierno. Igual esos partidos nuevos se vuelven tradicionales, es lo que tiene gobernar, que casi todo está inventado. Y lo mismo los tradicionales se renuevan. Y a lo mejor hasta las encuestas acaban acertando.  Quién sabe.

viernes, 22 de mayo de 2015

POR FIN SE ACABA ESTO


Por fin se acaba esto, bendita sea la jornada de reflexión. Que yo el domingo voto, lo juro por el paisano de los caballitos, palabrita del niño Jesús. Pero que me dejen ya en paz. A mí ya no me queda más vergüenza ajena y lo de a ver quién la dice más gorda hace tiempo que dejó de hacerme gracia.

Que yo reconozco que a mí las campañas y las elecciones siempre me gustaron, más que nada por deformación profesional. Pero es que después de esta, que la he seguido desde fuera, he llegado a la conclusión de que si es cierto eso de que lo que no te mata te hace más fuerte, o nos hemos muerto y con tanta tontería no nos hemos enterado o somos unos sansones de la conciencia cívica esa. Por Dios bendito, quince días y ni un minuto más. Que la democracia se apiade de nosotros si este es el nivel que nos espera.

Estoy deseando que llegue el lunes y cada mochuelo a su olivo. Nosotros seguiremos siendo los mismos currantes mal pagados, los mismos parados, los mismos sangrados por los impuestos, los mismos números en las listas de espera sanitarias… Pero, al menos, los políticos volverán a meterse en sus despachos, a sentarse en sus poltronas y dejarán de hacer el payaso. Es que, en serio, a esta gente le das un escenario, un atril y unos cuantos votos potenciales y son como el club de la comedia pero en cutre.

Que tenemos que votarles después de oír cómo se llaman unos a otros corruptos, ladrones, prostitutas, gentuza, casta, pijos, zombis, rameras... Escuchar que cobrar el paro es tener una beca para poder hacer cursos en el extranjero o que gracias a Barcelona Catalunya no es Galicia, qué buen rollito.

Votarles después de ver a políticos montando en bici con traje y corbata, jugando al baloncesto, acercándose a los niños –qué culpa tendrán los niños- visitando a ancianos, colegueando con los pobres, paseando al perro, organizando citas exprés, repartiendo condones. Ver a candidatos cantando rap, a candidatos cantando reggae, a candidatos cantando no se sabe qué, a candidatos cantando. A candidatos que no se saben su programa, a candidatos que abandonan porque les da por leer su programa y no les gusta, a candidatos que no sabían que eran candidatos. A candidatos que no pueden votarse a sí mismos porque viven e incluso trabajan -como alcaldes- en otro ayuntamiento. A candidatos que repiten las mismas promesas que hicieron hace cuatro años y no cumplieron. A candidatos cuyo objetivo, en general y fundamentalmente, no es ganar nuestra confianza, sino evitar que ganen otros.

Encontrártelos en los mercados, en los parques, en el súper, en las plazas, en los barrios y parroquias que después (y antes) olvidan. Ttomando cañas, tomando horchata, tomándonos por tontos de baba. Encontrártelos hasta en la tostada del desayuno.

Y lo que es peor: que yo no sé qué rayos voy a hacer con tanto parque, tanta acera, tanta farola, tanta pista, tanta carretera, tanta guardería, tanto centro de salud, tanto polideportivo, tanta red wi-fi, tanta ayuda y tanto puesto de trabajo como me van a conseguir.

Un monumento debieran hacernos, por ir a votar después de este circo. Menos mal que por fin se acaba esto.