Emburciadas

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

CÓMO VIVIR EL SINOFÓS SIN PERDER LOS NERVIOS


En mi tierra, además de las clásicas etapas de la evolución humana, esto es, infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez, existe una más: la del  sinofós. Viene siendo una adaptación popular de lo que, traducido y bien escrito, sería si no fuera. Y se refiere a ese momento, un poco indefinido pero que suele situarse entre la madurez y la vejez, en que a la clásica pregunta de “¿Cómo estás?” uno contesta “bien, si no fuera por la espalda, que me tiene mártir; si no fuera por la pierna izquierda, que me duele un día sí y otro también; si no fuera por el reúma…”.

Bueno, pues yo he llegado a un punto en que podrían perfectamente nombrarme presidenta de honor del Club del  sinofós, ya ves. Es que llevo una temporadita que voy más al médico que a hacer la compra. Y mi botiquín empieza a parecer el baúl de la Piquer. Nada grave, ¿eh?, toquemos madera. Pero me he hecho –involuntariamente, por supuesto- con una colección de sinofoses que da miedo saludarme. Vamos, que si una mañana me despierto y no me duele nada ya me entra la duda de si me habré muerto sin enterarme. Hay días que me duelen cosas que ni sabía que tenía.

Empecé al final de verano con unas molestias de estómago que, sin ser muy grandes, incordiaban lo suyo. El médico temió que hubiera una bacteria. Y me hizo analizar todo lo que se puede sacar de un cuerpo humano para analizar. No había bacterias, menos mal. Y me recetó unos probióticos, o sea, como los yogures esos que están tan de moda, pero en pastillas. La leche. Que yo, que me lo leo todo, me leí el prospecto, y resulta que cada pastillita de esas contiene ¡450.000 millones de bacterias! ¡¡¡¡?????!!!!! A ver si yo lo entiendo: ¿que buscaban una bacteria como origen de mis problemas y, al no encontrarla, me meten miles de millones por vía oral? ¿Qué pasa? ¿Que nos pica que los análisis nos lleven la contraria? Estamos vendidos.

El caso es que mejoré bastante, misterios de la ciencia. Pero la cosa no queda ahí. Porque también sentía bastante cansancio y algo de desánimo. Así que el galeno, después de otra tanda de análisis para descartar temas mayores, me prescribió unas vitaminas buenísimas con magnesio, que se ve que es lo más, a cuatro pastillas diarias repartidas entre la mañana y la noche.

Y entonces vino la sinusitis. Sí, eso era nuevo. Otro médico. Antibiótico en dos tomas, lavado nasal con solución salina mañana y noche y pulverizador de cortisona para rematar.

En esas estábamos cuando, a mis ya casi permanentes dolores de espalda, se añadió un golpe accidental que me la acabó de estropear con uno nuevo que salía del pecho. Una costocondritis, me dijeron, después de la correspondiente radiografía, toma ya con el nombrecito. Que no me extraña que la carrera de Medicina dure tanto. Claro, tres años para inventarse los nombres más surrealistas posible y otros tres para aprendérselos. Con lo fácil que sería decir que hay una inflamación de la unión de las costillas con el esternón. Pues no; costocondritis, que asusta más. Y antiinflamatorios, a razón de una cada ocho horas.

Y, por si eso fuera poco, mi tiroides se puso juguetona. Después de cinco años sin síntomas, volvió el hipertiroidismo. Otra vez análisis. Que tienen más sangre mía en ese laboratorio que yo misma. Gragea betabloqueante con el desayuno y con la cena para frenar las taquicardias derivadas y otra antes de acostarme para regular las hormonas tiroideas. Y las consabidas revisiones para que la cosa no se desmadre.

Total, que mi rutina se ha convertido en una “toma de la pastilla” continua. Mis desayunos y mis cenas parecen uno de esos bufés libres de hotel, pero con miniaturitas. Una de probiótico, dos de vitaminas, una de antibiótico, una de antiinflamatorio, una de betabloqueante y una de regulador de la tiroides. Menudo plato combinado. Sin olvidar el protector de estómago en ayunas para que no reviente y los lavados nasales con los que empiezo y acabo el día. Y, en medio de cada jornada, fácil que caiga un ibuprofeno contra esos dolores de cabeza que ya forman parte de mí.

En la farmacia me hacen la ola cuando entro. Y para no perderme he tenido que hacer una agenda que me río yo de la de Obama, por ejemplo. Porque la cosa está en organizarse bien para no perder los nervios. Tranquilidad ante todo que, mientras la química ayude, todo va bien. Y, si no, mírame a mí. ¿Que cómo me encuentro? Estupendamente, si no fos…

martes, 1 de diciembre de 2015

EL BELÉN DE ARTUR MAS


Lo que son las cosas, mientras la alcaldesa de Barcelona no quiere celebrar la Navidad, su vecino de enfrente, en la Generalitat, está armando un belén que está causando asombro en el mundo mundial. Pero no asombro de “ooohhhhhh, qué maravilla”, sino asombro de “madre del amor hermoso”, perdónenme la Colau y todos los podemitas la religiosidad de la expresión.

Un belén en el que Artur Mas se empeña en ser el Niño Jesús, pero como nadie lo quiere –o sea, los de la CUP, que no son nadie pero mandan más que Herodes- pues va a acabar conformándose con ser la mula, el buey o el molinero, al tiempo. Aunque el papel que mejor está haciendo hasta ahora es el de caganer, porque mira que lleva tiempo cagándola el tipo.

Y es que el presidente catalán en funciones ya no sabe qué hacer para que no se le acabe la función. Dentro del jardín en el que se ha metido por la independencia esa que hace unos años le parecía un concepto anticuado y hasta oxidado, se está perdiendo ahora en un regateo que está siendo la envidia de los mejores mercadillos. “¡Cuatro presidentes, cuatro!” “¡Ni uno ni dos ni tres, cuatro ofrezco!”, gritaba el otro día vamos, vamos, que me los quitan de las manos. Y aún no se había puesto el sol cuando rebajó la oferta a un solo presidente pero con tres grandes áreas de Gobierno, tan mal le estaban yendo las ventas.

Y así lleva desde las elecciones, cambiando de propuestas como de camisa. Como si Catalunya fuera un tenderete de bragas a tres euros las-robamos-por-la-noche-las-vendemos-por-el-día-más-barato-que-en-la-mercería y él lo que es: un presidente de saldo. A ver cuál es el siguiente paso, miedito me da. Porque a mí, cuando veo que hay titulares nuevos sobre Catalunya, ya me pasa como cuando cojo una lata de espárragos y leo eso de “abrefácil”: me temo lo peor.

Eso sí, mientras los cuperos lo cosen a puñaladas, Arturito sigue lanzando sus dardos victimistas al Gobierno de España. Que pretende, hay que ver la desfachatez, que el Govern cumpla las leyes y que la pasta que le da la dedique a pagar a las farmacias, a la Sanidad y a los proveedores y no se la gaste en lo que a él le dé la gana, como, por poner un ejemplo, en costear la independencia que la mayoría de catalanes no quiere. Como para no cabrearse, oye.

Que, por cierto, ahora resulta que aquella resolución histórica que aprobó el Parlament para iniciar el proceso independentista era solo “una voluntad, aspiración o deseo” sin efectos, según rezan –perdónenme de nuevo los podemitas y demás progres de postal- las alegaciones que la Cámara catalana ha presentado al Tribunal Constitucional. ¡¡¡?????!!!!! ¿Qué pasa? ¿Nos estamos acojonando? Que tiene gracia, por otra parte, que los impulsores de esa resolución que negaba por escrito  la legitimidad y competencias del Alto Tribunal, acudan ahora a ellas para sus intereses. Cualquiera los entiende. Lo curioso es que aún haya quien los compre.

Lo que yo te diga, que Mas ha montado un belén en el que se está liando la marimorena y en el que hasta la estrella ha perdido el norte, confundida por una estelada que, por lo que se ve, solo era un deseo. Lo malo es que son los catalanes los que tienen que cantar los villancicos. Y ya me dirás,  entre las deudas, los hospitales cerrando, los servicios sociales en rojos, las farmacias sin cobrar, las empresas huyendo y los gobernantes hablando del sexo de los ángeles, como para tocar la zambomba.

Porque es a los catalanes a los que les cae encima la mierda de este caganer de pacotilla. Ya quisieran ellos que les cayera la basura espacial, como a los de Murcia.

viernes, 27 de noviembre de 2015

SOLSTICIOS Y ESTULTICIAS


 

Bueno, pues mientras apuramos el Black Friday este tendremos que ir pensando en prepararnos para celebrar el solsticio de invierno, como quiere la alcaldesa de Barcelona. ¿Solsticio? Estulticia, diría yo. O sea, necedad.

Mira que son modelnos los de las sucursales podemitas y mareantes, oye. Son lo más. Es que es alucinante la alergia que le tiene esa gente a las tradiciones y a todo lo que huela a religión. Y las tonterías que llegan a hacer para aparentar que son rompedores. Ellos son el cambio y tienen que demostrarlo. Y como lo que tendrían que cambiar de verdad solo son capaces de empeorarlo, pues se dedican a hacer lavados de imagen en “cosillas” que el respetable lleva haciendo, por ejemplo, dos mil años.

Así, la Colau cambia la Navidad por un solsticio y la Carmena por un carnaval o no sé qué leches, con ceremonias del kimono, cine coreano, gastronomía árabe, poesía serbia, castillos inflables y cuentos indios. Todo muy intercultural y multirracial, que es lo que manda la nueva religión de esta gente. Y, sobre todo, muy no-navideño, que ya se sabe que a la progresía cualquier cosa que huela lo más mínimo a incienso le da sarpullido. Aunque sea algo que le guste a la mayoría, que es otra cosa que también les suele dar alergia.

Eso sí, en las celebraciones organizadas por estas lumbreras de la política todo está barnizado con la conveniente pátina del buenismo. Qué gran cosa el buenismo. Consumo sostenible, compras responsables, juguetes no sexistas, pacifismo, igualdad, solidaridad y respeto, sobre todo mucho respeto. Que tiene gracia que aboguen por el respeto la alcaldesa que tiene de jefa de prensa a una tía que presumió de mear en la calle y la que tiene de portavoz a una que asaltó una iglesia.

Mira que yo no soy muy navideña. Que a mí, aunque al final disfruto las Fiestas, así de primeras la Navidad me estresa. Pero, la verdad, viendo todo esto, me está resurgiendo el espíritu navideño de tal manera que si por mí fuera ya habría montado en casa tres belenes y dos abetos con sus bolas y su espumillón. Y llevo varios días sin parar de cantar villancicos, fun, fun, fun. Hasta me están entrando ganas de mandar christmas a todo el mundo, no te digo más.

Es que no puedo con las moderneces, en serio. Como la del alcalde de A Coruña, otro de la misma casta. Que va a instaurar los bautizos civiles. Tío, que si quieres ser laico, no le llames bautizo, hombre. Que el bautismo es el primero de los sacramentos del cristianismo “con el cual se da el ser de gracia y el carácter cristiano”, según la Real Academia. Así que un bautizo no puede ser civil por muy moderno y antirreligioso que tú te empeñes en ser. Estulto, que eres un estulto. Si lo que quieres es montar una fiesta cada vez que alguien inscriba a su niño en el Registro Civil, pues móntala. O celebra un solsticio. O una estulticia, que ya no vendrá de aquí.

martes, 27 de octubre de 2015

A QUIÉN CARAJO LE IMPORTA


Pues nada, pues genial ¿no? Lo de Catalunya, digo. Que los de Junts pel Sí y la CUP han decidido declarar la independencia. Aún no tienen presidente, pero se ponen a hacer una república, mira. A quién carajo le importa quién gobierne aquello, ni cómo, si se puede tener una república. La cosa es separarse de España y luego campi qui pugui. O sea, el caos. Pero a quién carajo le importa el caos si se puede ser independiente.

Bueno, por lo menos se han puesto de acuerdo en algo. Y eso que los de la CUP habían descartado la declaración unilateral de independencia porque el Sí había perdido el “plebiscito” del 27 de septiembre. Que lo dijo Baños ¿eh?, el jefe cupero. Pero ya ves.

Ahora, en lo de formar gobierno no hay manera de que se entiendan las dos fuerzas independientes del independentismo. Para empezar, porque la CUP, a cambio de su apoyo a Junts pel Sí,  exige que Artur Mas no sea el presidente. Y a Arturito le da un jamacuco solo de pensar en soltar la poltrona. Y, para seguir, porque también impone que no se negocie nada nadita con el Estado. Y que se desobedezcan las leyes. Y que Catalunya se salga de la Unión Europea. Y que nada de recortes. ¡Acabar con los recortes Mas, que es Arturo Manostijeras! anda ya.  

Y no sé cuántas otras exigencias. Que yo ya me pierdo, pero creo que las últimas eran que se anexionen a la nueva república Valencia, Baleares, Aragón, Andorra, Lepe y Burguillos del Cerro; que Catalunya participe en el Festival de Eurovisión con el Virolai; que nombren Conseller en Cap al caganer; y que la butifarra sea excluida de la lista de alimentos cancerígenos de la OMS. Y, claro, así no se puede. Porque el Virolai es una composición preciosa, pero para Eurovisión como que no.

De todas formas, lo de la declaración esa se veía venir ¿eh? Pero ¿cómo no van a querer el divorcio si estos de España no hacen más que acosarlos? Que es un sinvivir, oye. Que si la operación contra los Pujol, que si la imputación de Mas, que si lo del tres por ciento, que si la investigación a Convergència, que si la detención de su tesorero… ¡Hombre, ya está bien! Que va a llegar un momento en que no le dejen a uno robar tranquilo. Porque lo de la Gürtel y lo de Bárcenas y tal es aplicar la ley y luchar contra la corrupción. Pero esto otro no. Esto es una cacería, ya lo dijo el propio Arturito. Caza mayor, dijo, porque él es grande. Una buena pieza, vaya.

Así que no me extraña que decidan marcharse. Lo que se dice huir. Hacemos un país nuevo, empezamos de cero, creamos nuestras propias leyes y, hala, todos inocentes. Sobre todo los catalanes. Que la mayoría votó en contra de la independencia. Que más de la mitad quieren seguir siendo españoles.

Pero a quién carajo le importa lo que quieran los catalanes.

sábado, 12 de septiembre de 2015

VÍA LIBRE


Pedazo acto electoral el de ayer en Barcelona, oye. Los separatistas de Junts pel Sí y de la CUP se unieron para su gran apertura de campaña y lo bordaron. Eso es un mitin y lo demás son historias ¿que no? Ya quisieran otros partidos mitinear así.

Claro, que otros partidos no tienen los medios que tuvieron estos, ni serían capaces de apropiarse de la fiesta de su país, de su comunidad o de su pueblo para abrir una campaña electoral. Pero estos sí. Estos hacen lo que les da la gana y no-pasa-nada, como dice un spot de la tele. Vía Libre lo llaman. Y si alguien rechista, ya sabéis, la culpa es nuestra; o sea, de España; o sea, de los otros españoles. Que da igual que hayamos nacido en La Barceloneta o en Murcia; si estamos en contra de la independencia somos españoles y nada más. Así, como si fuera un insulto.

El caso es que, como ellos pueden hacer lo que les dé la gana, pues han dicho la Diada es mía y la calle también y han contado con casi un millón y medio de extras (según la Guàrdia Urbana; dos millones según los organizadores; poco más de medio millón según la Delegación del Gobierno, que se ve que lo de las matemáticas va según el gremio; un mogollón en todo caso) para hacer un mitin gigante. Y precioso, las cosas como son. Qué colorido tenía ayer la Meridiana, con lo triste que es esa calle. Todos con su flechita de cartulina, ahora la subo, ahora la bajo. Que parecían militares norcoreanos en un desfile pero en plan guay. No les quedó tan bonito como los hacen en Corea, es verdad, pero yo creo que eso fue culpa del video que hizo la ANC para enseñarles cómo era la cosa. Para adoctrinar, vamos, que es lo suyo. ¿Lo habéis visto? El video, digo. Pues es para verlo, de verdad. Dos cómicos haciendo mímica como si fuera para idiotas. Como si lo que nos estamos jugando los catalanes fuera una broma, vamos, qué divertido es todo y qué bien nos lo pasamos.

Yo me quedé más tranquila al comprobar que ayer salieron más catalanes en las teles diciendo que estaban en contra de la independencia y lo argumentaban con temores fundados sobre el futuro de su economía o la vida fuera del paraguas de la Unión Europea. No como otros años, que solo aparecían los que estaban a favor de divorciarse de España porque “Catalunya es una región muy bonita” –juro que lo dijo una señora- o porque “ya está bien de que España nos robe” –que lo mismo el que lo dijo votaba a Convergència, qué gracia, bendita ingenuidad-. Sí, me gustó que por fin hablaran algunos representantes de la opinión mayoritaria. Porque no olvidemos que, incluso según el CEO –que viene siendo el CIS de la Generalitat-, la mitad de los catalanes están en contra de la independencia, frente a un 42,9 que están a favor. A algunos de los que hablaron les abucheaban, pero es lo que tiene el sectarismo.

En fin, que yo creo que con lo de ayer, a estos ya no les hace falta más campaña. Total ¿para qué? Si, pase lo que pase en las elecciones, ellos declararán la independencia y lo que les pete. Da lo mismo que se cumplan las premoniciones del CIS, que dice que solo un 44% de los catalanes darán su voto a las fuerzas independentistas. Al fin y al cabo, ya sabemos que a los de Mas eso de afanar porcentajes se les da de cine. Después de tantos años robando –presuntamente- un 3 por ciento, no les va a dar ninguna cosilla apropiarse de, por ejemplo, un 6. ¡Vía libre, hombre!

Además, ¿cómo no van a seguir adelante con lo suyo, sea cuál sea el resultado, después de la amenaza de Lluís Llach de que si no es así se va a Senegal? A mí me encanta Lluís Llach, vaya eso por delante. Su música, quiero decir. Y me encanta también la gente que no tiene más problemas que la identidad del sitio en el que vive. A lo mejor si fuera un parado, un mileurista, un limpiaoficinas por dos duros o, pongo por caso, un senegalés, le cambiaban las prioridades. Pero no es el caso. Así que él, si Catalunya no se hace independiente, se va a Senegal.

Pues muy bien, Lluís. Tú no te preocupes. Después de todo, con esto de la globalización de la que tú y los tuyos os queréis apear para vivir en un islote, tus fans seguirán pirateando tu música en Internet vivas donde vivas. No hay problema. Si te quieres ir… ¡Vía libre!

jueves, 27 de agosto de 2015

HASTA LOS HIGADILLOS


Bueno, pues, finalizadas mis vacaciones,  cerrada convenientemente la puerta de mi casa para que no entren más parientes a llenarla  y repasada la prensa veraniega, me asomo por aquí para decir algo que es que si no lo suelto reviento. Y paso de lo políticamente correcto y de lo que se lleva y de lo que no y de que me acusen de pertenecer a no sé qué caverna y de que me llamen lo que les dé la gana. Que me da igual.

Así que lo digo: estoy hasta los higadillos de los progres de postal, del postureo pijo-seudoizquierdista, de los embaucadores de mercadillo y de los charlatanes de la “nueva” política que en cuanto pisan moqueta se quitan el disfraz de pueblo y sacan al burgués trasnochado que llevan dentro. Qué hartazgo, de verdad.

El nuevo alcalde de Santiago, por ejemplo. Sí, Martiño Noriega, el de Compostela Aberta, sucursal de Podemos. El mismo que mientras era alcalde de un pueblo de al lado por un partido se presentaba a la alcaldía de la capital por otro. Este progre representante del populacho, este héroe del buenismo, este obseso de las políticas sociales les ha retirado las subvenciones del Ayuntamiento a dos asociaciones que se dedican a ayudar a madres con hijos pequeños y a embarazadas que no tienen recursos para comprar lo más básico para sus niños. Y les retira las ayudas “por cuestiones ideológicas”, tócate los pies. Y lo dice así, sin sonrojarse. Pero ¿a qué recuerda eso de castigar a alguien por cuestiones de ideología? ¿Lo de la represión ideológica no había acabado hace cuarenta años? ¿No eran estos los salvadores de la libertad?

Que han traspasado una línea roja que se no se puede cruzar, dice el Gobierno de Noriega como quien dice algo sensato. Y todo porque esas asociaciones apoyan a mujeres que no quieren abortar, qué pecado. Pero, vamos a ver, ¿la cosa no era defender la libertad de decisión de cada mujer? ¿Para eso hemos luchado tanto? ¿Qué pasa? ¿que los que defendemos la libertad para abortar tenemos que perseguir a las que deciden no hacerlo? Pues, al parecer, así lo entiende este progrealcalde, para quien las actividades de estas dos asociaciones “chocan contra nuestras líneas programáticas”. O sea, ayudar a madres o embarazadas víctimas de violencia de género o sin trabajo o sin recursos para atender a sus hijos son actividades que chocan con las líneas programáticas de ese partido apoyado por Podemos. Tomamos nota.

Vamos, que para justificar lo injustificable, el alcalde y sus secuaces han pintado a estas dos asociaciones casi como grupos de delincuentes, cómplices de mujeres que, al tomar la decisión de tener hijos, ejercen una libertad contraria a las buenas costumbres, como dijo Pilar Primo de Rivera, mira tú.  Y las han acusado de ser no sé cuántas cosas estos retrógrados de los huevos. Vaya, que no las han llamado cerdas yo creo que por miedo a que acudan a pedir amparo a la flamante concejalía de Bienestar Animal creada por ellos mismos, que ya se sabe que primero están los gatos que las madres.

Y, claro, después de esto, otras cosas de los nuevos gobernantes pijoprogres ya te parecen chistecillos. Como lo de que la Carmena haya veraneado en una urbanización de lujo y en una casa de a cuatro mil euros la semana. ¿Qué esperabais? ¿Que pasara las vacaciones en una tienda de campaña con el perro y la flauta? O que cogiera el coche oficial a los cuatro días de asegurar que ella iría siempre en metro. ¿Qué esperabais? ¿Que se embutiera todos los días en un vagón aspirando el calor humano de curritos, parados, estudiantes y pobres cantando lo de es muy triste tener de pedir pero es más triste tener de robar? Por Dios santo, en metro. O que la Colau llore de impotencia y rabia porque se ha dado cuenta de que no puede solucionar como alcaldesa todos los problemas que prometió solucionar cuando aspiraba a serlo. ¿Qué esperabas? ¿Que todo iba a ser tan fácil como montar una tienda de campaña con el perro y la flauta? Pobrecita, ella que acusaba a otros de no solucionarlos porque no les daba la gana se ha hecho mayor de golpe.

Hasta los higadillos, en serio.

martes, 7 de julio de 2015

DÍAS DE LAS BANDERITAS


Mira que nos gustan en este país las banderas, oye. Menos la nuestra, que parece ser que es la que da más como cosilla exhibir. Lo del “Día de la banderita” que instauró la Cruz Roja se está quedando atrás. Ahora tenemos casi un Día de la banderita diario.

Lo mismo el Ayuntamiento de Zaragoza iza la bandera saharaui como muestra de solidaridad que el de Pamplona cuelga la Ikurriña como muestra de provocación o Pedro Sánchez pone la española de fondo de escenario en un mitin como muestra de… de…, bueno, de lo que sea.

Y, en general, un día nos colocamos la multicolor del orgullo gay y casi al día siguiente ya tuvimos que apartar un poco la arcoíris para hacerle sitio a la de Grecia, ¡hala! ¡España es un gran mástil!

Que yo no lo critico ¿eh? Que a mí me parece estupendo que nos envolvamos en símbolos; que no nos da de comer pero queda guay. Ya me gustaría a mí ser una mujer de bandera, pero por más que busco no me encuentro yo tela para armarla.

Lo que sí es verdad es que yo soy poco de símbolos, ya ves. Siempre me da un poco de miedo que la cosa –la que sea- se quede en eso, manías de una. Porque colgar o enseñar una bandera es facilísimo; pero profundizar en lo que hay detrás –o debajo o encima- pues ya es otra cosa.

Lo de Grecia, por ejemplo. Por supuesto que, como la mayoría, deseo que ese fantástico país salga del atolladero. Y espero que, por detrás –o por debajo o por encima- de los símbolos y las algarabías, se encuentre una solución para que los griegos superen el bache. Porque, como de costumbre, son los ciudadanos los que sufren los errores de sus dirigentes. Solución que, supongo, pasa porque Europa ofrezca una nueva oportunidad pero, sobre todo, porque el Gobierno heleno cumpla con sus compromisos y responsabilidades. Ahora, lo de que los españoles celebremos que en Grecia triunfara el no a que, entre otras cosas, nos vayan devolviendo los 26.000 millones de euros que les prestamos nosotros, que llevamos años apretándonos el cinturón y sudando tinta china para no llegar al punto en que están ellos, pues no lo veo, qué quieres. Que estamos nosotros como para financiar los simpas de otros, vaya. Así que, banderas aparte, no entiendo el orgasmo de emoción que mucha gente ha demostrado con lo del referéndum griego. Yo hace tiempo que creo que en nuestro país, desde que se lleva mucho más ser progre que progresista, pensamos poco.

Y tampoco soy de exhibicionismos. Así que me parece preciosa la bandera de colores, pero no comparto la filosofía de las fiestas del orgullo gay. No acabo de entender que pasar de ser perseguidos y tener que esconderse a exhibirse vestidos grotescamente -o desnudos grotescamente- y haciendo gestos y representaciones obscenas y muchas veces ridículas sea un avance. O sea, que yo lo veo como que hemos pasado de ocultar a los homosexuales como si fueran bichos raros a pasearlos en las ferias como si fueran bichos raros.

Para mí que hay un error de concepto. No creo que ser homosexual sea algo de lo que estar orgulloso, sino algo que hay que respetar al mismo nivel que se respeta que uno sea heterosexual. A lo mejor es porque a mí me lo enseñaron así desde pequeñita y por eso siempre he visto la homosexualidad con toda naturalidad. Y en esa visión se ha avanzado mucho a nivel legal y bastante a nivel social. Y, la verdad, quienes no respetan a los gais o a las lesbianas dudo mucho que lleguen a hacerlo a base de verlos pasearse medio en cueros y haciendo cosas raras por la Gran Vía de Madrid, pongo por caso. De la misma forma que a mí me dan cierto repelús los tíos, por muy machos que sean, que le piden a su novia en matrimonio en un programa de televisión para que lo vea todo el mundo, qué bochorno.

En fin, que no sé; que igual estamos abusando mucho de las banderas para tapar ciertos agujeros.