Yo
es que leo el programa de Pablo y alucino vecino. De Pablo Iglesias y los
suyos, digo. Sí, sí, me he leído el programa de Podemos, al contrario de la
mayoría de los que los votaron, estoy segura. No cuesta mucho, además. Viene
siendo algo así como unas cuantas utopías para arreglar el país en treinta y
seis páginas. Me lo he leído porque está muy bien que se diga que el fenómeno
de Podemos tiene que hacer reflexionar a los partidos tradicionales, que el
fenómeno de Podemos es una llamada de atención y que el fenómeno de Podemos
representa el descontento de los ciudadanos con su clase política. Que sí, que
es verdad, que eso está claro. Pero, además de eso, podemos y debemos saber de
qué va el fenómeno. Y, a lo mejor, los que también deberían reflexionar son los
que le han dado su confianza.
Salvo
excepciones justificadas, tiendo a desconfiar de la gente que presenta
curriculums larguísimos; no sé, mira, es una manía. Y el del fenómeno, bueno, el
del figura que lidera el fenómeno este, tiene casi una página por año de
vida. Claro que es de esos que incluye
hasta jornadas por las que creo que se pasó solo un ratito, al cofee-break y
tal. Pero, bueno, para un hombre que por presumir hasta presume de la magnitud
de su ego, tenerlo muy grande, el curriculum, pues es normal. Baja Modesto que
sube Pablo.
En
fin, que eso es lo de menos. Pero el programa, ¡ay el programa!. Que tú lo
miras y, salvo alguna cosa, no se diferencia tanto del programa de cualquier
otro partido, no te vayas a creer. A ver, que al final todos queremos bienestar
para todos, trabajo para todos, derechos para todos, igualdad para todos, el
medio ambiente impecable y que los pobres sean menos pobres, ya te digo. Eso
sí, hay que reconocer que estos han empezado a cumplir su programa
inmediatamente, no como otros. Y justamente por ese último punto. Han
conseguido que cinco españoles sean ya menos pobres. Los cinco que han logrado
escaño en el Parlamento europeo. Qué digo menos pobres; que son ya casi ricos,
menudo sueldazo. Con la manía que le tienen a los ricos, el salario les da
incluso para caerse mal a ellos mismos. Ya, ya; ya sé que han dicho que ellos
solo se van a quedar una parte, que la otra se la dan al partido. Ese argumento
ya se lo he oído a otros políticos y es que me da la risa, por decir algo
amable. A ver, Pablito, que a mí me da lo mismo pagarte a ti que a tu partido,
a ver si lo entiendes.
Volviendo
al programa, aunque soy de letras, he echado las cuentas, así por encima, y eso
no hay quien lo pague. Porque, claro, estos pintan un mundo ideal pero no dicen
de dónde van a sacar la pasta para financiarlo, no sea que se les tuerza el
invento. Y, encima, proponen algunas cosas que saldrían carísimas. Como acabar
con los colegios concertados –todo un clásico- y dedicar lo que se ahorraría en
subvenciones a la enseñanza pública. Muy bonito. El problema es que con ese
ahorro no llega para conseguir colegios públicos para todos. Es más, las
administraciones se ahorran miles de millones de euros gracias a los
conciertos. Y así todo.
Pero
nada como la solución que ofrecen al problema de la vivienda. Que es muy
cómoda, lo reconozco. Cómoda para el que gobierna, claro. Porque ¿para qué se
van a matar los gobernantes en resolverle el problema al que no tiene casa? Qué
va, hombre. Mucho más fácil: se la quitan al que la tiene y santas pascuas. Sí,
sí, al que la tiene y no la usa ni la alquila durante al menos un año, ya lo sé.
Que si está vacía y alguien necesita un techo, pues hala, que se metan dentro. A
ver, Pablete, una cosa te voy a decir: si yo tengo un piso que nadie me ha
regalado, que he pagado o estoy pagando a base de trabajar más horas que un
reloj y no vive nadie en él porque no consigo alquilarlo o no me sale rentable
o no me sale de las narices y me metes a alguien dentro sin mi permiso, me
planto en tu casa y me quedo a vivir. Tú verás. Y hasta podría destrozarte los
muebles como forma de ejercer mi derecho de manifestación y protesta que tú
prometes respetar al máximo. Y aunque en ese momento me consideraras una
terrorista, te lo tendrías que tragar, porque también prometes acabar con las
políticas antiterroristas que vulneren la libertad de expresión. A ver si te
enteras de que no todo el que tiene un piso vacío es rico y que entre las
paredes de muchísimos de esos pisos hay mucho esfuerzo, mucho trabajo y una
aspiración legítima de ahorro y de cierta seguridad para el futuro. Que, visto
lo visto, va a hacer mucha falta.
Me
parece un error calificar a Podemos de partido de frikis o cosas similares,
como han hecho algunos. Después de lo ocurrido en las elecciones europeas,
quedarse en eso sería caer en un simplismo poco útil. Lo mismo que creer que
ese partido y sus propuestas pueden solucionar nuestros problemas. Porque no
pueden.
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